Por Felipe Monroy

El primer mensaje a la nación del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, estuvo soportado por una crítica absoluta al modelo neoliberal económico, al que definió como fuente y culmen de los efectos de corrupción, impunidad, pobreza, violencia e injusticias en México desde 1983.

Ante un muy agitado Congreso de la Unión (el cual no olvidó hacer el pase de lista de los 43 estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal de Ayotzinapa), López Obrador repitió varios de sus principales mensajes de las últimas tres campañas presidenciales: combate a la corrupción y la impunidad, la transformación de la vida pública del país y un plan de pacificación y reconciliación mediante la defensa soberana de las instituciones mexicanas.

Pero la línea guía de su disertación se enfocó en las afectaciones que ha dejado el modelo político neoliberal en México. Al hacer un recuento grosso modo de la historia económica postrevolucionaria, López Obrador insistió en que la cuarta transformación política de México «transformación pacífica y ordenada, pero al mismo tiempo profunda y radical», acabará con la corrupción y con la impunidad al abandonar las prácticas administrativas e ideológicas del neoliberalismo económico.

Para contrastar el neoliberalismo, López Obrador propone no sólo el modelo del Estado de Bienestar sino «la honestidad y la fraternidad como forma de vida y de gobierno». Y aseguró: «No se trata de un asunto retórico o propagandístico. Estos postulados se sustentan en la convicción de que la crisis de México se originó no sólo por el fracaso del modelo económico neoliberal aplicado en los últimos 36 años, sino también por el predominio de la más inmunda corrupción pública y privada. En otras palabras, como lo hemos repetido en los últimos años, nada ha dañado más a México que la deshonestidad de los gobernantes y de la pequeña minoría que ha lucrado con el influyentismo. Esa es la principal causa de la crisis de la inseguridad y la violencia que padecemos. Y, en cuanto a la ineficiencia del modelo económico neoliberal, ni siquiera en términos cuantitativos ha dado buenos resultados».

Tras una veintena de compromisos de gobierno (entre los que incluye la reducción del precio de combustibles condicionado a la conclusión y remodelación de refinerías en el país), López Obrador destacó el cariz moral de su administración federal: «Haremos a un lado la hipocresía neoliberal. No se condenará a morir pobres a los que nacen pobres. Es inhumano utilizar el gobierno para generar beneficios personales y desvanecerlo en beneficio de las mayorías. Vamos a atender y gobernar a todos pero daremos preferencia a los vulnerables y los desposeídos. Nuestra consigna de siempre es a partir de hoy principio de gobierno. Por el bien de todos, primeros los pobres».

A diferencia de su campaña, en su discurso de una hora cuarenta minutos no mencionó el papel de las instituciones religiosas o de los valores morales y espirituales del pueblo mexicano para lograr la transformación esperada.

Tampoco, entre la larga lista de los saludos a líderes y representantes de las naciones, mencionó a Franco Coppola, Nuncio Apostólico del Papa Francisco en México, quien se encontraba en el recinto.

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Publicado en la edición impresa de El Observador del 9 de diciembre de 2018 No.1222