El diario Corriere della Sera, editado en Milán pero considerado el de mayor difusión en toda Italia, publicó recientemente un artículo titulado «La nueva época, marcada por los muros».

Según éste, cuando cayó el Muro de Berlín en 1989, había otros «16 muros en el mundo. Treinta años después, hay 63».

Y expresa: «Hasta 1989, Occidente quería abatir las barreras para liberar a los que habían quedado dentro. En 2019 quiere alzarlas para dejar fuera a los que quieren entrar. No hay nada más simbólico que una simple pared de cemento para entender cómo ha cambiado la historia del mundo en sólo tres décadas. Con el Muro de Berlín acabó la gran ilusión del comunismo, para dar paso un nuevo orden liberal que ahora se desvanece».

Por supuesto, el famoso muro que quiere construir el presidente estadounidense Donald Trump, y que es motivo de controversias, es el que ha inspirado el citado artículo, que dice: «Una cerca para mantener fuera a los mexicanos se levanta ya a lo largo de más de mil kilómetros, con sensores electrónicos y visores nocturnos, pero a Donald Trump no le basta».

Mas no es el único muro señalado: «Por su parte, los mexicanos se han construido uno para mantener fuera a los guatemaltecos. Hungría, el país que inutilizó el Muro de Berlín desmantelando el alambre de espino electrificado en la frontera con Austria y abriendo así un paso hacia Occidente a los alemanes que huían del este, ahora ha reconstruido su propia barrera de alambre de espino, de 175 kilómetros de largo y 3.5 metros de alto, en la frontera con Serbia, para frenar a los inmigrantes».

En el pasado las ciudades, naciones e imperios no podía protegerse del dominio de otros sino por medio de muros físicos, así que amurallar era una práctica básica de sobrevivencia y/o de prevalencia. Ahí están, por mencionar algunos, los muros del Imperio Romano como el de Lugo, en España, o el Muro de Adriano, del año 122, y el Muro de Antonino, del año 142, estos dos últimos en lo que hoy es Inglaterra.

No se pueden dejar de mencionar entre los muros antiguos algunos de los más famosos: la gran Muralla China, las murallas de Jerusalén o incluso la que rodea al país del Vaticano, que aún está en funcionamiento y que ha utilizado el presidente estadounidense Donald Trump para defender su proyecto: «Cuando dicen que el muro es inmoral, bueno, hay que hacer algo con el Vaticano, porque el Vaticano tiene el muro más grande de todos».

El presidente Trump considera que la estrategia de los muros sigue teniendo la misma efectividad que en el pasado: «Miren a todos los países que tienen muros y que funcionan al cien por ciento. Nunca va cambiar: una pared es una pared».

Volviendo al artículo de Corriere della Sera, en él se lee: «Cambiamos globalización por cosmopolitismo y estamos pagando el precio con la venganza de las naciones».

Más aún, «los pueblos que quedaron atrapados tras el Telón de Acero son hoy los más ansiosos por construir uno nuevo. Y donde hay mar y no se pueden construir muros, se cierran fronteras, como con el Brexit, o puertos, como Salvini».

Y juzga que «los que tienen miedo construyen muros, los que tienen confianza construyen puentes».

Sin embargo, no se trata de un asunto sencillo. Ligadas al asunto de las migraciones e invasiones, las fronteras y las barreras que se les ponen o que se les eliminan puede traducirse a veces en beneficios y otras en perjuicios, tanto a nivel social como económico y hasta religioso.

Redacción

¿CUÁNTO COSTARÍA EL MURO DE TRUMP?

La frontera entre México y Estados Unidos mide 3 mil 169 kilómetros.

Durante la presidencia del demócrata Bill Clinton (esposo de Hillary Clinton), se levantaron 1 mil 50 kilómetros de valla (el 33.13% de la frontera).

El presidente republicano Donald Trump ahora quiere vallar 1 mil 400 kilómetros (un 44.17% de la frontera) y reemplazar 1 mil 870 kilómetros ya existentes.

En 2017 se calculó que eso costaría unos 20 mil millones de dólares, y en 2018 que en realidad podría ascender a unos 33 mil millones.

TEMA DE LA SEMANA: TODOS LOS MUROS, EL MURO

Publicado en la edición impresa de El Observador del 10 de febrero de 2019 No.1231