Era de noche, y el joven mexicano franciscano de 24 años de edad, san Felipe de Jesús, en lugar de estar en barco con rumbo a México para ser ordenado sacerdote, se hallaba encarcelado en Nagasaki, Japón, esperando la llegada del día siguiente para ser asesinado por la causa de Cristo.

Ésta fue la última carta que escribió, desde su prisión:

Japón. 4 de febrero de 1597

Queridos padres y amigos:

La noche pasa rápida. Mañana moriré ejecutado en la cruz, pero no tengo miedo.

Mi pensamiento vuela hacia ustedes y a mi patria querida.

Ahora que estoy para recibir el bautismo de sangre, recuerdo que fui bautizado en la Catedral de México, y las veces que asistí a Misa en San Francisco de Plateros.

Lamento los años que perdí buscando mis apetitos, egoísta y disipado. Bendito sea Dios que vino en mi ayuda y comprendí que no valía la pena vivir para eso. Quise ser misionero, pero ahora Dios me premia antes del trabajo, concediéndome dar mi vida para probar mi amor.

Lamento no haber vuelto a México, aún cuando apenas fuese un día; pero volveré. Estoy cierto de que volveré para decirles a todos que la verdadera vida por la que vale la pena vivir es la vida eterna.

Paz y bien.

Fray Felipe de Jesús.

TEMA DE LA SEMANA: SAN FELIPE DE JESÚS

Publicado en la edición impresa de El Observador del 3 de febrero de 2019 No.1230

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