En Cuaresma, dice san León el Grande, «a lo que cada cristiano debe hacer en todo tiempo, debe ahora dedicarse con mayor fe y amor; de este modo satisfaremos esta obligación que se remonta hasta los Apóstoles, de ayunar… no sólo reduciendo nuestra alimentación sino… absteniéndonos del pecado».

El ayuno es un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento… ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el Pecado Original. (Benedicto XVI)

Respecto al ayuno, la Iglesia establece que sea una comida al día, pero permite dos comidas más pequeñas que si se suman no superarían la comida principal en cantidad.

El ayuno se rompe por comer entre comidas.

De cualquier manera, a lo largo de la historia se han practicado diversas formas del ayuno entre los cristianos católicos, generalmente más severas que la que marca actualmente la Iglesia. Pero también en la Biblia misma se pueden identificar varios tipos de ayuno:

Ayuno total

Consiste en no comer ni beber nada en el día. Ejemplo de ello es lo que se lee en el libro de Ester: «Ve a reunir a todos los judíos que están en Susa, y ayunen por mí. No coman ni beban durante tres días, ni de día ni de noche. Yo, por mi parte, también ayunaré junto con mis servidoras. Así me presentaré al rey, por más que sea en contra de la ley. Y si es necesario que muera, moriré» (Ester 4, 16).

El ayuno total sólo debe hacerse por períodos cortos de tiempo; por ejemplo, medio día,12 o 24 horas.

Ayuno con agua

No se come nada pero se puede beber agua. Al permitir hidratarse puede ser un poco más extenso que el ayuno total.

Probablemente éste fue el ayuno que Jesús hizo por 40 días justo antes de comenzar su ministerio, pues no se habla de que tuviera sed: «Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre» (Lucas 4, 1-2).

Ayuno parcial

Consiste en consumir sólo ciertos alimentos, por ejemplo, ayunar a pan y agua; en hacer sólo una comida al día, o la modalidad propuesta por la Iglesia: una comida más dos colaciones pequeñas; o en ayunar en un horario específico, como sería no comer nada desde la mañana hasta las 12 del mediodía o bien hasta las 3 de la tarde. La abstinencia de carne de los días viernes también podría encajar en esta categoría, y es parte de lo que practicó el profeta Daniel: «En aquellos días, yo, Daniel, estuve de duelo tres semanas enteras: no comí ningún manjar exquisito; ni la carne ni el vino entraron en mi boca, ni me hice ninguna unción, hasta que se cumplieron tres semanas enteras» (Daniel 10, 2-3).

LO MÍNIMO DE LO MÍNIMO

Jesucristo, con sus palabras y con sus obras, enseñó la importancia del ayuno a sus discípulos (cfr. Lc 4, 1-2; Mt 6, 16-18; 9, 14-15; Mt 17, 21; etc.), por eso la Iglesia lo practicó desde el principio (cfr. Hch 14, 23).

Los cinco Mandamientos de la Santa Madre Iglesia tienen como finalidad garantizar a los fieles lo mínimo de lo mínimo para que el cristiano no se aleje del camino de la salvación. Y uno de esos cinco mandamientos dice: «Ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia».

Pues bien, la Iglesia sólo marca como días de ayuno obligatorios el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo; y como días de abstinencia de carnes todos los viernes del año, excepto si estos últimos coinciden con alguna solemnidad litúrgica (ver canon 1251 del Código de Derecho Canónico), aunque algunas Conferencias Episcopales autorizan que de manera ordinaria la abstinencia de carnes se sustituya por otra penitencia.

Como católicos, los feligreses jamás deberían conformarse con lo mínimo, sino realizar más ayunos, abstinencias y otras penitencias a lo largo del año. De hecho, la Madre de Dios pidió en Fátima: «Hagan sacrificios por los pecadores; muchas almas van al Infierno porque no hay ninguno que se sacrifique y ore por ellos».

¿POR QUÉ PESCADO SÍ?

En tiempos de Jesús, lo mismo que en otras épocas, la carne de animales terrestres era muy costosa, mientras que el pescado y/o los mariscos (junto con el pan) era con frecuencia lo único que comían los pobres; ésa es la razón por la que dichos alimentos no podía entrar en la abstención.

La práctica cristiana de la abstinencia de carnes abarca todas las especies de sangre caliente, ya sean mamíferos (res, cerdo, venado, búfalo, cordero, chivo, etc.) y la carne de aves sin importar si es roja o blanca (pollo, pavo, avestruz, etc.).

Sin embargo, no tendría ningún sentido respetar la abstinencia de carne si se sustituye por un costoso gran banquete de mariscos y/o pescados, porque tanto la abstinencia como el ayuno buscan la mortificación, no el placer. Por eso ya advertía santo Tomás de Aquino en el siglo XIII:« Algunos peces son tan deliciosos de comer como la carne de ciertos animales. Ahora la concupiscencia es el deseo de lo delicioso».

La Iglesia no prohíbe ingerir vino u otras bebidas alcohólicas durante la Cuaresma, pero desde luego serían contrarias al espíritu de penitencia.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 3 de marzo de 2019 No.1234