Vivir una JMJ cambia tu perspectiva de ver la vida, tu relación con Dios y tu amor por María

Por Luis Jesús Sánchez García

  1. La importancia de un corazón abierto, antes, durante y después de la Jornada

Dios obra maravillas en tu vida antes, durante y después de la Jornada si abres tu corazón, desde que llegas al aeropuerto, en la primer catequesis, o desde que abordaste el avión,

Dios te habla de mil maneras y, si tu corazón está en gracia, lo podrás escuchar con facilidad y una semilla quedará sembrada en ti.

  1. El Sí de María, el Sí de mi vida

Este punto es el que más me ha movido y más inquieta (en sentido positivo) ha puesto mi alma: María tenía sus planes, su ideal de vida. De pronto llega el Ángel del Señor y le da una noticia que cambiará para siempre no sólo su vida, sino la Historia de la Salvación. Nosotros, como jóvenes, tenemos nuestra vida, nuestros planes, pero… ¿Dios qué quiere de nosotros? ¿Le diremos sí cuando nos lo pida?

  1. Respuesta a mis pecados

Durante la liturgia penitencial que tuvimos justo después de una catequesis a la que asistí, sumado a las palabras del Papa Francisco, puedo resumirlo en una idea: «Si ya me confesé, y Dios ya me perdonó, no tengo por qué estar dándole vueltas a la misma situación lamentándome por haberlo hecho… Dios perdona y olvida fácilmente, y con ese perdón, sumado a tu arrepentimiento, comienza a sanar tu alma y se restaura tu cuerpo».

  1. La universalidad de nuestra Iglesia está en la JMJ

La JMJ, sin duda, es la máxima expresión de la universalidad de nuestra Iglesia, la Iglesia fundada por el mismo Jesucristo. Esa Iglesia está presente en todas las naciones y pueblos.

Cada día de la JMJ, pero sobre todo, durante la Vigilia, es increíble ver frente a ti jóvenes de todas las nacionalidades. No estábamos ahí por casualidad, cada uno tiene su historia y Dios mismo nos reunió en el mismo lugar; es en ese punto que te das cuenta que sí han valido la pena tantos años de trabajo, tanto esfuerzo y sacrificio ofrecido a Dios.

  1. El mismo Espíritu Santo que se posó sobre María se posa también sobre mí, sobre todos

Ese mismo Espíritu que se posó sobre María, es el mismo que se posa sobre cada uno de nosotros día a día; no es un cuento, no es una fábula, no es un invento… han pasado más de 2 mil años, pero es una realidad… Es el mismo Dios atemporal que nos visita, que infunde su amor en nosotros para que digamos «Hágase en mí, según tu palabra».

  1. Los pastores son ovejas también

En el Casco Antiguo de Panamá vimos a un grupo de franceses con su obispo, y fue ahí cuando entendí que no importa qué «cargo» tengas en la Iglesia, si eres coordinador u obispo, sacerdote o simplemente un joven que acude a Misa todos los domingos: para Dios todos somos sus ovejas, incluso el Papa y todos algún día lo alabaremos y cantaremos en su presencia, con esa alegría, con la misma juventud.

  1. ¿Dios también obra en los que no creen?

El mismo día que visité el Casco Antiguo, visitamos un mirador a la orilla del mar. Ahí nos encontramos a un joven colombiano que radica en Panamá, de aproximadamente 26 años de edad; nos contó que él no era creyente, por causa de una situación familiar… pero que le parecía increíble que tantos jóvenes se reunieran de esta manera.

Como jóvenes católicos, debemos ser ejemplo todos los días, para que las personas que no creen se pregunten: ¿Qué tienen ellos, que no tengo yo?
¡Yo quiero tener eso!

  1. Dios nos premia todos los días, aUn en momentos difíciles

Cuatro meses antes de la Jornada, tuve 4 piedras en el riñón. Gasté mis ahorros de la JMJ en consultas, citas, estudios, doctores. Pensaba que ya no iría y estaba a punto de decirle a mi tía que ya no me esperara, pero, de pronto, a través de Cáritas (que, por cierto, es donde trabajo), y gracias al padre Víctor Manuel y la Directora Araceli, es como pude subsidiar mi viaje y cumplir mi sueño.

  1. Mi vida será una JMJ todos los días

Nuestra vida después de la JMJ consiste en avivar el fuego de las otras zarzas, contagiar de ese espíritu a nuestras parroquias, movimientos, grupos… También consiste en tener siempre un espíritu alegre, servicial, joven… sólo así lograremos que nuestra vida sea una JMJ todos los días.

  1. Una sola familia, una sola fe (Intercambio de culturas)

Todos juntos, como una sola familia, compartimos lo más valioso para nosotros (una estampita de la Virgen, un rosario, una pulsera, una reliquia, o una fotografía…). Ahí todos somos una sola familia; es como llegar a ese banquete familiar donde conoces a tus primos lejanos, te encuentras con ellos y te tomas una foto, les pides su instagram para seguir en contacto y orar por ellos.

Pronto te das cuenta cómo Cristo es capaz de romper fronteras y crear nuevas amistades que giran en torno a Él a pesar de la distancia y el idioma.