De origen jaliciense, el padre Pedro Tovar Cortés fue ordenado presbítero en 1961 como miembro de la diócesis de Mazatlán, que apenas tenía tres años de existencia.

Movido por su gran amistad con el «Padre Trampitas», decidió fundar en Mazatlán una casa de asistencia para los hijos de los reclusos en la colonia penal de las Islas Marías. Este lugar más tarde se convertiría en un lugar en donde los jóvenes necesitados de ayuda y caridad encontrarían su reintegración: el «Hogar San Pablo».

Los orígenes de este proyecto arrancan de cuando el sacerdote apenas tenía 29 años de edad, a sólo unos cuantos meses después del paso del huracán «Olivia» en 1975: el padre Tovar venía preguntándose cómo albergar y atender al creciente número de niños de la calle que estaban llenando su parroquia; decidió utilizar un convento abandonado en el Cerro del Vigía para darles un hogar.

Pasada la contingencia del huracán, el sacerdote decidió convertir  el «Hogar San Pablo» en albergue para los niños de edad escolar que eran hijos de los reos de las Islas Marías, pues aunque en la colonia penal los presos podían vivir ahí con sus familias, no existían escuelas. De esta manera, el padre Tovar buscaba darles casa a los niños mientras asistían a la escuela.

Cuando por fin el gobierno construyó escuelas primarias en las Islas Marías y los niños pudieron habitar allá con sus padres,  el «Hogar San Pablo» se transformó en un hogar para niños de la calle.

Actualmente, como alguna vez lo hizo con los hijos de los presos,  el «Hogar San Pablo» alberga a niños de entre 9 y 18 años, brindándoles techo, comida, educación, así como una formación humana y religiosa para su crecimiento.

TEMA DE LA SEMANA: ISLAS MARÍAS: EL EVANGELIO TRAS LOS “MUROS DE AGUA”

Publicado en la edición impresa de El Observador del 17 de marzo de 2019 No.1236