Las agresiones que sufrió Jérôme Lejeune por defender a los indefensos

Jérôme Lejeune fue un médico genetista muy humano. Las familias de los que tenían síndrome de Down, atraídas por la celebridad internacional de Jérôme y su accesibilidad, se dirigían hacia él cada vez en mayor número. Acudían a consulta con él de todas partes del mundo. A otros, que no podían viajar a Francia, les daba consulta por correo o bien vía telefónica —incluso por las noches—, y de estas diversas maneras continuaba dándoles seguimiento.

Atendió a más de ocho mil pacientes con síndrome de Down, a los que trataba como a seres dignos y amados. A muchos de sus padres les hacía recuperar la dignidad perdida, haciéndoles ver que hijo no era un monstruo ni una vergüenza, sino un amado hijo de Dios.

Pero el hecho de abanderar la lucha por la defensa de la vida le produjo problemas. Durante una conferencia que impartió el 5 de marzo de 1971 en la Mutualité, un centro parisino destinado a charlas, congresos y encuentros políticos, unos asaltantes abortistas entraron con barras de hierro y golpearon a bastantes personas, entre las que se hallaban disminuidos psíquicos y ancianos. Jerôme y su esposa se libraron de los golpes, pero no de una serie de jitomatazos que recibieron. Y hasta un trozo de carne de res golpeó en la cara del padre de la genética moderna.

Mientras los manifestantes golpeaban y arrojaban cosas, gritaban que los seres humanos en estado fetal no eran más que «trozos de carne». La policía tuvo que intervenir para ahuyentar a los atacantes .

No fue la única vez que recibió agresiones, aunque éstas casi siempre eran en forma de insultos y descalificaciones; además, los abortistas ponían pintadas en las calles con letreros que decían «Lejeune es un asesino» —aunque él nunca había matado a nadie sino que había defendido todas las vidas humanas—, así como «¡Muerte a Lejeune y a sus pequeños monstruos!».

A pesar de todo, Jerôme no perdía la compostura; más bien desarmaba a sus rivales con su tranquilidad. Además él decía: «No combato contra las personas sino contra las falsas ideas».

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Publicado en la edición impresa de El Observador del 31 de marzo de 2019 No.1238