Así contó Jean Vanier el descubrimiento de la misión para la que Dios lo había creado:

«La aventura comenzó en 1963 cuando un sacerdote me invitó a que conociera a sus nuevos amigos, personas con una discapacidad mental que vivían en una residencia de la que él era el capellán.

«Fui y encontré, con una cierta molestia, con miedo, a aquellos seres humanos débiles y frágiles, heridos por un accidente o una enfermedad y, sin duda, aun más por el menosprecio y el rechazo.

«Cada una de aquellas criaturas estaba hambrienta de amistad y de afecto; cada una, sucesivamente, se me acercó preguntándome desde la palabra o la mirada: ‘¿Me amas?’, ‘¿Quieres ser
amigo mío?’».

Fue así como Jean Vanier se hizo amigo de los que padecen discapacidad mental y fundó las comunidades de El Arca a fin de darles un hogar, formar con ellos una familia y ser amados.

El hecho de permanecer soltero dio oportunidad a Vanier de dedicarse por entero a este ministerio desde las mociones del Espíritu Santo.

Por haber estudiado teología y filosofía —pues en algún momento creyó equivocadamente que Dios lo llamaría al sacerdocio ministerial—, pudo compartir por escrito, en varias decenas de libros suyos, qué era lo que él creía, lo que él veía, lo que lo movía a hacer lo que hacía:

  • «Dios de la ternura que ama y nos ama quiere revelar a cada uno de nosotros que somos importantes y preciosos»
  • «Al descubrir la belleza y la luz ocultas en el débil, el fuerte comienza a descubrir la belleza y la luz en su propia debilidad».
  • «Los débiles nos dicen: te necesito. Si se les escucha, se crea comunidad».
  • «Una persona con discapacidades no habla, o su cara de algún modo perdió su atractivo, o nos vemos enfrentados por sus incapacidades —a caminar, a hablar—. La primera sensación en un encuentro es una sensación de incomodidad… Pero después, si es que puede haber un encuentro, y si en algún lugar pueden contar su historia, mientras escuchamos descubrimos que no son diferentes a nosotros».

PREMIOS EN LA TIERRA

El seglar católico Jean Vanier fue reconocido mundialmente por su trabajo. Así, fue invitado como activo conferenciante en, por ejemplo, el Consejo Pontificio para los Laicos, en numerosos sínodos, y en el Congreso Eucarístico del Año Jubilar del 2000, además de ser solicitada su presencia para hablar en muchos otros encuentros fuera del ámbito de la Iglesia.

Entre los muchos reconocimientos a sus contribuciones a la humanidad, recibió numerosos premios. Entre otros, destacan:

  • Premio de la Orden de Canadá (1972)
  • Compañero de la Orden de Canadá (1989)
  • Cuadro de honor de Maclean, Canadá (1990)
  • Premio Royal Bank of Canada (1991)
  • Gran Oficial del Órgano Nacional de Quebec, Canadá (1992)
  • Caballero de la Legión de Honor, Francia (1994)
  • Premio Internacional Pablo VI, otorgado por el Papa Juan Pablo II (1997)
  • Premio Humanitario Rabí Gunther Plaut, Canadá (2001)
  • Galardón Internacional de la Paz de la Comunidad de Cristo (2003).
  • Oficial de la Legión de Honor, en Francia (2003)
  • Pemio Gaudium et Spes, de la orden de los Caballeros de Colón, Canadá (2005)
  • Premio Beacon (2006).
  • Premio Nation Builder, Globe & Mail, Canadá (2008)
  • Premio Pacem in Terris, Estados Unidos (2013)
  • Premio Templeton, Fundación Templeton, Estados Unidos (2015)
  • Comandante de la Legión de Honor, Francia (2016)

También estuvo nominado al Premio Nobel de la Paz; por ejemplo, en 2009, siendo los promotores de su candidatura gente del mundo académico, político y del derecho internacional.

TEMA DE LA SEMANA: LOS SUEÑOS DE UN GIGANTE

Publicado en la edición impresa de El Observador del 19 de mayo de 2019 No.1245