Por Mary Velázquez Dorantes

La alegría de la vida no tiene nada que ver con las experiencias efímeras, con el hecho de pagar por ellas o quizás con la frivolidad de vivir en ellas; pareciera que las reglas del nuevo mundo están vinculadas a la fuerza del capital monetario, a las fuerzas sometidas a la voluntad de los costos, que éstos tienen que ser cada vez más elevados para entonces ser «eficaces».

Mientras que existe una máscara para contravenir las adversidades y las dificultades de la vida, una máscara brillante, llamativa, seductora: el capital del mundo. El arte de ser feliz no tiene que ver con las nuevas propuestas: la ausencia del dolor, la publicidad extravagante, las redes sociales excéntricas, la vida estrafalaria. El arte de ser feliz es la gratitud de la presencia de los padres en la vida, el silencio profundo de la oración, el esplendor de la naturaleza, la conciencia de la existencias de Dios, la reflexión personal de la vida y la existencia misma. El dinero es solo una pantalla, un momento turbado, una realidad cegadora para entonces conquistar la verdadera felicidad.

¡CUIDADO CON LO EFÍMERO!

Comprar, comer, divertirse, entretenerse, vender, acumular, son acciones perecederas, propias de las alegrías del mundo. No por ello se quiere decir que no se realicen; sin embargo, son los tentáculos de las alegrías que cuestan económicamente, alegrías configuradas como manuales a seguir para encontrar la felicidad, y mientras esa vida «feliz» ni llega, el hombre se somete a una concepción negativa de la felicidad. Por lo tanto, no es libre y su mirada es limitada frente a toda la gran realidad que existe.

El dinero no es precisamente lo que garantiza la felicidad plena, sino más bien es un plan maquiavélico que daña el aspecto interior de la persona, le gesta emociones contradictoras, paralizadoras, dado que la felicidad a costa de lo que «vale» en términos monetarios se esfuma y se disuelve.

Va creando expectativas en un futuro de alegrías imaginarias, con angustiadas preocupaciones, sin el disfrute del presente y con un plan totalmente pasajero. Colocar el dinero como motor de alegría es colocar la propia vida en una superficie, renunciando a las virtudes sencillas, menos complejas, menos costosas.

EL CARACTER DE LA INDIFERENCIA

¿Cuánto tienes, cuánto vales? No es un principio, sino una tendencia impuesta por la publicidad, por la naturaleza de las impresiones. Es la sugerencia de un mundo externo, una dimensión con efectos colaterales perniciosos. La felicidad se ha convertido en una noción de la moda, es el llamado de las sociedad apolíneas, donde la felicidad es un estado duradero, perpetuo. Entonces al compás de una cultura del bienestar se define lo bello, lo bueno y lo útil.

Hay una fuente de indiferencia a lo que verdaderamente nos hace felices, cosas tales como el optimismo, la búsqueda de la mejor situación a lo adverso, la actitud y las fortalezas personales, el sentido de pertenencia interior, el reconocimiento de los logros y el esfuerzo por conquistar las metas día a día.

DON´T WORRY, BE HAPPY

Detrás de todo el mundo mercantil vienen aparecidos el mal humor, los tormentos individuales, las experiencias sin chiste, el placer errante. Quizás son imperceptibles ante tanto bombardeo, quizás estén maquillados, pero cuando aparecen el mundo personal se desmorona. Es el gran conflicto por encontrar la felicidad, una máxima moderna que desbarata al ser humano, que lo convierte en un autómata del consumo, con la esperanza de encontrar el tesoro de la alegría perpetua. Es lo que llaman la economía psíquica de las satisfacciones, la multiplicación del goce. Sin embargo, es la forma más barata de la desilusión.

LA SANTIDAD NOS PONE EJEMPLOS

El arte de ser feliz sin dinero tiene sus bases en la vida de los santos, quienes nos han inspirado para no caer en las trampas de lo terreno. La alegría no tiene nada que ver con los objetos o bienes, sino todo lo contrario. Aquí algunas reflexiones de nuestros santos, como ejemplo:

Mi alegría es ser pequeña, permanecer pequeña; así, si alguna vez en el camino caigo, me levanto enseguida, y mi Jesús me toma de la mano.

(Santa Teresa de Jesús)

Hay una cosa muy bonita: compartir la alegría de amar. Amarnos los unos a los otros. Amar hasta el dolor .

(Santa Teresa de Calcuta)

Recuerda que cuando dejes este mundo, no puedes llevarte nada que hayas recibido; sólo lo que has dado.

(San Francisco de Asís)

La fe y la esperanza son las dos alas del alma. Con ellas se eleva de las cosas terrenas y asciende de lo visible a lo invisible.

(San Antonio de Padua)

Desprendamos nuestros corazones de las cosas de este mundo; digámonos muchas veces: ¿Y después? ¿Y después?

(San Felipe Neri)

TEMA DE LA SEMANA: LOS SUEÑOS DE UN GIGANTE

Publicado en la edición impresa de El Observador del 19 de mayo de 2019 No.1245