El Papa a los jóvenes, paso a paso / 4

Los jóvenes necesitan escuchar a menudo que son amados por Dios. Así lo expone el Papa Francisco en el cuarto capítulo de su exhortación apostólica Cristo Vive.

DIOS TE AMA

Ante todo quiero decirle a cada uno la primera verdad: Dios te ama. Si ya lo escuchaste no importa, te lo quiero recordar: Dios te ama. Nunca lo dudes, más allá de lo que te suceda en la vida. En cualquier circunstancia, eres infinitamente amado».

Muchos jóvenes tienen un padre ausente y lejano con el que no pudieron convivir durante su niñez o ahora en su juventud, pero tienen a un Padre que no es de este mundo y que está ahí siempre para escucharlos, en la tranquilidad del Sagrario, en la oración del Padre Nuestro o en las cosas pequeñas de la vida. Él los sostiene con firmeza, y al mismo tiempo sentirán que respeta hasta el fondo su libertad.

Dios les recuerda que han sido esperados desde siempre, porque no aparecían en este mundo por casualidad. Desde antes que existiéramos éramos un proyecto de su amor: « Yo te amé con un amor eterno; por eso he guardado fidelidad para ti » (Jr 31,3).

Esto les permite recordar lo valiosos que son; ni su cuerpo, ni su conciencia deben quedan entregados a cosas banales, en donde no sean valorados. Dios no lleva una cuenta de sus errores y, en todo caso, les ayuda a aprender algo de sus caídas. Porque los ama.

«El amor de Dios es un amor que no aplasta, es un amor que no margina, que no se calla, un amor que no humilla ni avasalla».

Cuando un joven a traviesa por caminos difíciles Dios espera un espacio para que le permita entrar para sacarte adelante, para promover, para madurar. Él no se molestará si lo cuestionas.

LA SEGUNDA VERDAD

Recién estamos en la Pascua y recordamos con esta verdad la razón de ser: Cristo nos salvó y nos salva cada día.

San Pablo decía que él vivía confiado en ese amor que lo entregó todo: «Vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí».

Joven, dice Francisco: déjate salvar, porque «quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento». Y si pecas y te alejas, Él vuelve a levantarte con el poder de su Cruz. Nunca olvides que «Él perdona setenta veces siete. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez. Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría».

¡ÉL VIVE!

La tercera verdad no se puede separar de la anterior: ¡Cristo vive! Y se debe recordar con frecuencia, porque se corre el riesgo de recordar a Jesucristo solo como un buen ejemplo del pasado, como un recuerdo, como alguien que nos salvó hace dos mil años.

Si Él vive, entonces sí podrá estar presente en la vida de cada joven, en cada momento, para llenarlo de luz. Así no habrá nunca más soledad ni abandono. Aunque todos se vayan Él estará, tal como lo prometió: «Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

Si alcanzas a valorar con el corazón la belleza de este anuncio, dice Francisco, «y te dejas encontrar por el Señor; si te dejas amar y salvar por Él; si entras en amistad con Él y empiezas a conversar con Cristo vivo sobre las cosas concretas de tu vida, esa será la gran experiencia, esa será la experiencia fundamental que sostendrá tu vida cristiana. Esa es también la experiencia que podrás comunicar a otros jóvenes».

¿Buscas pasión? ¡Enamórate! (o déjate enamorar)

«Nada puede importar más que encontrar a Dios. Es decir, enamorarse de Él de una manera definitiva y absoluta. Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación, y acaba por ir dejando su huella en todo. Será lo que decida qué es lo que te saca de la cama en la mañana, qué haces con tus atardeceres, en qué empleas tus fines de semana, lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud. ¡Enamórate!»

Publicado en la edición impresa de El Observador del 5 de mayo de 2019 No.1243