La Virgen de Guadalupe quiere ser la madre de todos. Al final, ella cambia el curso de una cultura entera y hasta el día de hoy es querida en México y por todo el mundo.

Por Michael Rennier (Extractado de Aleteia.org)

La maternidad no es fácil. Miro a mi esposa con nuestros hijos y, sencillamente, no salgo de mi asombro. Veo la belleza de la maternidad, pero también el sufrimiento.

Todo esto se refleja en la maternidad de María, a la que a menudo también acuden personas no religiosas. Y uno de los casos más hermosos comenzó el 9 de diciembre de 1531, cuando Juan Diego caminaba a la iglesia.

LA MATERNIDAD VA MÁS ALLÁ DE TUS PROPIOS HIJOS

María le dice a Juan Diego: «Yo soy… Madre de todos los que viven unidos en esta tierra, y de toda la humanidad». No quiere ser sólo la madre de Juan Diego. Quiere ser la madre de todos. Al final, ella cambia el curso de una cultura entera, y hasta el día de hoy es querida en México y por todo el mundo.

Las madres son influyentes mucho más allá de sus propios hijos. Por ejemplo, recuerdo a las madres de mis amigos que también ejercían de madres conmigo.

La maternidad es un regalo de gran alcance y no se detiene una vez que los niños salen de la casa.

La maternidad es alegre pero también dolorosa porque las madres sienten el dolor de sus hijos como si fuera el suyo propio. El dolor, no obstante, es una señal de que el vínculo de amor es inquebrantable.

Las madres también están presentes para sus hijos incluso cuando la vida no es perfecta. Son un testimonio del poder de la persistencia amable, el perdón y el ánimo.

TEMA DE LA SEMANA: MARÍA EN MÉXICO

Publicado en la edición impresa de El Observador del 5 de mayo de 2019 No.1243