No es ningún secreto que la maternidad —que va mucho más allá de engendrar y dar a luz— es esencial para el bienestar e incluso la superviviencia entre los mamíferos.

Dice el mexicano Cesar Millán, el mundialmente famoso «encantador de perros», que los cachorros caninos nunca deberían ser apartados de sus madres antes de las 7 semanas de vida pues su salud tanto física como psíquica dependerá mucho del tiempo que haya pasado junto a ella; pero recomienda como ideal un tiempo de 3 a 4 meses antes de la separación.

Otro ejemplo es el de los elefantes. Las manadas están conformadas por hembras y sus crías; las hijas permanecen siempre con la manada, mientras que los hijos se alejan hasta entrar a la adolescencia.

Estudios como los realizados por la Universidad de Sussex arrojan que la cacería de las madres ocasiona que cuando las crías sobrevivientes crecen sean menos capaces de responder al llamado de otros elefantes; es decir, la falta de las madres les ocasiona un daño significativo en sus capacidades sociales. Además, para el caso específico de las crías masculinas que quedan en la orfandad, éstas se vuelven extremadamente violentas al crecer.

Lógicamente, la ausencia materna produce daños mucho más profundos y graves en la especie humana. Tanto en tiempos de campañas electorales como en momentos de crisis social, los políticos de México hacen hincapié en el importante papel de las madres: «Las mamás son la gran fortaleza de nuestra sociedad», «Las mamás alimentan los valores», etcétera; y hasta les piden ayuda: «Y hablaba yo de pedirles a las madrecitas que nos ayuden con sus hijos, porque las madres son muy buenas, están llenas de sentimiento».

Según Sara Sefchovich, integrante del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, se debe aprovechar el poder emocional de la familia, y en especial de las mujeres y de las madres, para limitar la violencia y crueldad que va en aumento en México.

Sefchovich dice que, «aunque creemos que la sociedad está dominada por el cacique y el padre, en realidad es la madre la que ocupa el lugar más significativo, sobre todo como eje aglutinador».

Pero, al mismo tiempo, en México, como en el resto del mundo occidental, las políticas antinatalistas continúan con toda su fuerza, impulsadas desde organismos internacionales como la ONU, a pesar de que ya quedó demostrada como errónea la teoría de Malthus sobre la «sobrepoblación mundial».

Es un hecho que el bajo índice de hijos tiene a la actual sociedad mundial desestabilizada, tanto desde el punto de vista económico como político. En especial Europa se debate entre si acepta el riesgo de la islamización del continente mediante la recepción masiva de migrantes provenientes de países donde las mujeres aún tienen muchos hijos, o si siguen a Hungría y Polonia, que mediante programas de ayuda a las familias han logrado subir la natalidad, aunque se les critique de que promueven «reproducirse como conejos».

México está cerca de la crisis, de acuerdo con datos del INEGI:

  • En 1960 las mujeres mexicanas tenían 7 hijos en promedio; en los años 70s, 3.1, y ahora 2.2 hijos.
  • Considerando sólo a las mujeres de quince a 49 años, en 2014 el promedio de hijos nacidos vivos por mujer fue de apenas 1.7 niños.
  • Las entidades donde menos hijos se tienen es Ciudad de México (1.2 hijos con mujer), y Yucatán, Estado de México y Colima (1.6 hijos por mujer).
  • Chiapas es el estado en que la mujeres están teniendo más hijos, y aún así apenas alcanzan el 2.1 promedio de hijos, que es el mínimo indispensable para garantizar el relevo generacional y, por lo tanto, la subsistencia económica de la nación.

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: MATERNIDAD EN MÉXICO

Publicado en la edición impresa de El Observador del 12 de mayo de 2019 No.1244