El 22 de junio de 1633 el Santo Oficio estableció una sentencia condenatoria tras juzgar al astrónomo italiano Galileo Galilei, defensor de la teoría heliocéntrica (el Sol es el centro del universo y alrededor de este astro gira la Tierra) frente a la mucho más difundida teoría geocéntrica (la Tierra está en el centro del universo y el Sol y los planetas giran en torno a ella).

Leyenda negra

Hasta el siglo XIX poco se conocía de aquel proceso ya que los documentos del Santo Oficio permanecían en secreto. Aprovechándose de esto, algunos se encargaron de crear una leyenda negra en torno al caso, la cual penetró tanto en la mentalidad occidental que durante muchas generaciones se enseñó —e incluso hoy se sigue enseñando— a través de escuelas, universidades, libros, artículos periodísticos, obras de teatro, etc., cosas tales como:

  • Que el proceso fue meramente un enfrentamiento entre la cerrazón religiosa de la Iglesia y la verdad luminosa de la ciencia.
  • Que Galileo fue torturado para que se retractara de decir que la Tierra se mueve alrededor del Sol.
  • Que finalmente el astrónomo fue condenado a morir en la hoguera.
  • Y que fue tras escuchar la sentencia —o bien, según otras versiones, mientras se retorcía en medio del fuego que le estaba quitando la vida— que exclamó rebelde y valientemente: Eppur si muove («Y sin embargo se mueve»).

Una encuesta elaborada entre los estudiantes de ciencias de la Unión Europea y dada a conocer en 2005 por el Consejo de Europa, arrojaba que el 30 % de ellos creía que Galileo fue quemado vivo en la hoguera por la Iglesia por defender la verdad científica, mientras que el 97% pensaba que el astrónomo fue sometido a torturas. Además, la totalidad de los encuestados (el 100%) creía que la frase «Y sin embargo se mueve» salió de los labios de Galileo.

Realidad histórica

Pues bien, la realidad es que el proceso de Galileo no fue exactamente por sus convicciones científicas, aunque éstas ciertamente estuvieron implicadas; tampoco se le torturó, y mucho menos se le aplicó la pena de muerte. Es más: ni siquiera estuvo encarcelado un solo instante, pues aunque el Santo Oficio lo condenó a prisión formal «por un periodo determinable a nuestra voluntad» y a recitar durante tres años «los siete salmos penitenciales», su amigo el Papa Urbano VIII le conmutó la prisión por arresto domiciliario, primero en Villa Medici, después en el palacio del arzobispo de Siena, y, a partir del 17 de diciembre del mismo año de la sentencia y hasta el día de su fallecimiento —año 1642, a la edad de 78 años y por causas naturales— en la casa que el propio Galileo tenía en las afueras de Florencia, donde siguió trabajando, esta vez exponiendo los fundamentos de la nueva ciencia de la mecánica en el libro más importante de su carrera científica, el cual publicó en 1638.

La famosa frase

Ahora bien, ¿pronunció Galileo Galilei alguna vez la frase «Eppur si muove»? No existe evidencia. Ni siquiera en la biografía que de él escribió su discípulo Vincenzo Viviani aparece algo siquiera parecido.

La frase «Y sin embargo se mueve» apareció por primera vez en un libro 124 años después del juicio de Galileo. El responsable fue el escritor y crítico italiano Giusseppe Baretti, quien en 1757 publicó en Londres un catálogo de autores y obras italianas titulado «Biblioteca Italiana», donde presentaba tesis arriesgadas. Entre ellas escribió:

«En el momento en que fue puesto en libertad [Galileo], miró al cielo y luego al suelo y, dando un pisotón, en actitud contemplativa dijo: ‘Eppur si muove’». Pero el hecho de que Galileo nunca fue puesto en libertad, sino que purgó arresto domiciliario por el resto de sus días, deja en evidencia la carencia de seriedad en la afirmación de Baretti.

Por otro lado, según un texto publicado por el biógrafo Stillman Drake, una familia belga era propietaria de un cuadro de 1643 que representa a Galileo encerrado en un calabozo y señalando hacia una pared. Al parecer fue pintado por Murillo. El caso es que la familia habría ordenado la restauración del cuadro y, al quitársele el marco se vio que el lienzo tenía escrita justo en la pared señalada por el dedo de Galileo la frase «Eppur si muove». Pero, como ya se dijo, el científico nunca estuvo en
una cárcel.

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: A 386 AÑOS, LA POLÉMICA SOBRE GALILEO Y LA IGLESIA SIGUE

Publicado en la edición impresa de El Observador del 23 de junio de 2019 No.1250