El Papa a los jóvenes, paso a paso / 9

En el capítulo final de la Exhortación Apostólica Cristo Vive, el Papa Francisco les habla a los jóvenes del discernimiento, ese que los acompaña en las decisiones más importantes de su vida y que les obliga a hacerse preguntas clave. Cuando ya saben para qué están hechos, necesitan pensar qué es bueno, qué los hace felices.

¿Para qué sirve el discernimiento? El Papa Francisco sugiere que si los jóvenes lo practican evitarán convertirse en marionetas a merced de las tendencias del  momento. «Esto resulta especialmente importante cuando aparece una novedad en la propia vida, y entonces hay que discernir si es el vino nuevo que viene de Dios o es una novedad engañosa del espíritu del mundo o del espíritu del diablo».

El discernimiento debe ir acompañado de la razón y la prudencia porque está en juego el sentido de la vida y debe venir del Padre que los conoce y ama.

La formación

Francisco también invita a la formación de la conciencia, que permite que el discernimiento crezca en hondura y en fidelidad a Dios: «Formar la conciencia es camino de toda una vida, en el que se aprende a nutrir los sentimientos propios de Jesucristo, asumiendo los criterios de sus decisiones y las intenciones de su manera de obrar (cf. Flp 2,5)».

Parte de esa formación es dejarse transformar por Cristo y al mismo tiempo hacer un examen de conciencia, un ejercicio en el que no se trata solo de identificar los pecados sino también de reconocer a Dios en lo cotidiano. Esto ayuda a crecer en la virtud de la prudencia.

Cómo discernir tu vocación

Ahora viene uno de las partes importantes: discernir para conocer la vocación. Hacer esto requiere un espacio de soledad y silencio porque se trata de una decisión muy personal que nadie más puede tomar, más que uno mismo.

«Si bien el Señor nos habla de modos muy variados en medio de nuestro trabajo, a través de los demás y en todo momento, no es posible prescindir del silencio de la oración detenida para percibir mejor ese lenguaje, para interpretar el significado real de las inspiraciones que creímos recibir, para calmar las ansiedades y recomponer el conjunto de la propia existencia a la luz de Dios», expone Francisco.

Para discernir no basta con preguntarte: ¿Quién soy yo?, sino ¿Para quién soy yo? Y sin duda eres para Dios. Pero Él quiso que también seas para los demás por eso puso en ti muchas cualidades, inclinaciones, dones y carismas que no son para ti, sino para otros.

El llamado de un amigo

La vocación es un llamado de un amigo, que es Jesús. A los amigos, si se les regala algo, se les regala lo mejor. Y eso no necesariamente es lo más caro o difícil de conseguir, sino lo que uno sabe que al otro lo alegrará. Un amigo percibe esto con claridad y puede visualizar en su imaginación la sonrisa de su amigo cuando abra el regalo. Este discernimiento propone el Papa a los jóvenes como modelo si buscan encontrar cuál es la voluntad de Dios para sus vidas.

Los regalos de Dios son interactivos y para gozarlos hay que poner mucho juego, hay que arriesgar. Pero no será la exigencia de un deber impuesto sino algo que te estimulará a crecer y a optar para que ese regalo madure y se convierta en don para los demás.

Escucha y acompañamiento

Para recibir orientación y acompañamiento en tu discernimiento vocacional te puedes apoyar en sacerdotes, religiosas, religiosos, laicos y profesionales, incluso en otros jóvenes. Y el que ayuda siempre debe estar dispuesto a escuchar. Y esa escucha supone tres sensibilidades o atenciones distintas y complementarias:

Sensibilidad o atención a la persona. Se trata de escuchar al otro, que se nos está dando él mismo en sus palabras. El signo de esta escucha es el tiempo que le dedico al otro. No es cuestión de cantidad sino de que el otro sienta que mi tiempo es suyo: el que él necesita para expresarme lo que quiera. Él debe sentir que lo escucho incondicionalmente, sin ofenderme, sin escandalizarme, sin molestarme, sin cansarme.

Sensibilidad o atención discernidora. Se trata de pescar el punto justo en el que se discierne la gracia o la tentación. Porque a veces las cosas que se nos cruzan por la imaginación son sólo tentaciones que nos apartan de nuestro verdadero camino.

Aquí necesito preguntarme qué me está diciendo exactamente esa persona, qué me quiere decir, qué desea que comprenda de lo que le pasa. Son preguntas que ayudan a entender dónde se encadenan los argumentos que mueven al otro y a sentir el peso y el ritmo de sus afectos influenciados por
esta lógica.

Sensibilidad o atención que se inclina a escuchar los impulsos que el otro experimenta. Es la escucha profunda de «hacia dónde quiere ir verdaderamente el otro». Más allá de lo que siente y piensa en el presente y de lo que ha hecho en el pasado, la atención se orienta hacia lo que quisiera ser.

A veces esto implica que la persona no mire tanto lo que le gusta, sus deseos superficiales, sino lo que más agrada al Señor, su proyecto para la propia vida que se expresa en una inclinación del corazón, más allá de la cáscara de los gustos y sentimientos. Esta escucha es atención a la intención última, que es la que en definitiva decide la vida, porque existe Alguien como Jesús que entiende y valora esta intención última del corazón.

Con información de la Exhortación Apostólica Cristo Vive

TAREAS

Cuando se trata de discernir la propia vocación, es necesario hacerse varias preguntas:

«¿Me conozco a mí mismo, más allá de las apariencias o de mis sensaciones?

«¿Conozco lo que alegra o entristece mi corazón?

«¿Cuáles son mis fortalezas y mis debilidades?

«¿Cómo puedo servir mejor y ser más útil al mundo y a la Iglesia?

«¿Cuál es mi lugar en esta tierra?

«¿Qué podría ofrecer yo a la sociedad?

«¿Tengo las capacidades necesarias para prestar ese servicio?

«¿Podría adquirirlas y desarrollarlas?

«¿Para quién soy yo?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 9 de junio de 2019 No.1248