1 André Frossard nació el 14 de enero de 1915 en Colombier-Châtelot (Francia). Su madre provenía de una familia protestante, pero ella era atea.

2 Su padre, Ludovic-Oscar Frossard, fue uno de los fundadores del Partido Comunista Francés, además de alcanzar el puesto de diputado y de ministro durante la III República. Él provenía de una familia judía, pero, igual que su esposa, era ateo.

3 André, por tanto, fue educado en el ateísmo total y en el marxismo. Aprendió a llamar despreciativamente «negros» a los cristianos.

4 A causa de la carrera política de su padre, la familia se mudó a París, donde el joven André entró a trabajar como periodista en un diario socialista.

5 Ahí se hizo amigo de otro empleado, que resulto ser católico, y con el que mantuvo encendidas discusiones. A pesar de ello, y contra toda probabilidad, la amistad entre ellos se consolidó. Solían pasear juntos por París, visitando sus rincones.

6 El mes de julio de 1935, cuando André Frossard tenía 20 años, su amigo le pidió que lo aguardara en su coche unos minutos, pues al parecer iba a confesarse en una capilla. André aguardó, pero luego, cansado de esperar fue a buscarlo.Encontró la capilla en la que vio a unas monjas rezando.

7 Entró en la capilla y miró sobre el altar lo que él no sabía que era el Santísimo Sacramento. Y en ese pequeño instante vivió una experiencia mística, pasando de ateo absoluto a católico.

8 La Gracia sobrenatural sembró en aquel breve encuentro los principios del catolicismo en el periodista, sin mérito alguno de parte suya ya que él no buscaba a Dios. André escribió: «Sobrenaturalmente sé la verdad sobre la más disputada de las causas y el más antiguo de los procesos: Dios existe. Yo me lo encontré».

9 Tras hacerse cristiano, escribió el libro de su conversión, Dios existe. Yo me lo encontré , que le ganó hace 50 años (año 1969) el Gran Premio de la literatura Católica en Francia y que se convirtió en un best-seller mundial.

10 Siguió ejerciendo su trabajo de periodista, además de escritor y filósofo. En 1985 fue elegido miembro de la Academia francesa y trabajó en la Comisión del Diccionario. Murió en París en 1995, a los 80 años de edad, tras haber sido uno de los intelectuales católicos franceses más influyentes de su país en el siglo XX.

TEMA DE LA SEMANA: ¿SE PUEDE ENCONTRAR A DIOS SIN BUSCARLO?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 14 de julio de 2019 No.1253