El conocido sacerdote español José Antonio Fortea, nacido en 1968, cuenta en su libro Memorias de un exorcista su conversión instantánea:

Había recibido los sacramentos de la iniciación cristiana y estudiado siempre en escuelas católicas, pero «diría incluso que el día de la primera Comunión fue para mí como un trámite… Seguía sin ir a Misa los domingos…Creía en Dios, pero era una fe vaga, imprecisa, en la que no había ningún elemento personal o cariñoso…

«Quizá sorprenda que mi primera Comunión dejara tan poca influencia en mi vida. Pues bien, confieso que todavía menos dejó mi Confirmación».

A sus 14 años «la religiosidad de mi familia se limitaba a la asistencia a los funerales, bodas, y primeras Comuniones. El tema de la religión no se sacaba jamás en casa, Nunca, ni una sola vez al año».

Pero entonces, cuando José Antonio estaba en segundo de secundaria, «un día, como cualquier otro, entré en mi habitación, y de pronto sentí que era un egoísta y una mala persona. Me entró un gran arrepentimiento y vi que la iglesia era el camino por donde iría progresando hacia la virtud. Todo esto no duró más de medio minuto, no oí ninguna voz celestial, ni tuve ninguna visión, pero de pronto se había operado en mí una gran conversión: había comprendido que era un pecador y que el camino de la salvación era la Iglesia. Así de sencillo, así de repentino… Fue una actuación fulminante de la Gracia».

TEMA DE LA SEMANA: ¿SE PUEDE ENCONTRAR A DIOS SIN BUSCARLO?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 14 de julio de 2019 No.1253