Tatiana Goricheva nació en la Unión Soviética (Rusia) en 1947. A los 18 años ya era responsable de las Juventudes Comunistas. Luego fue profesora de ética en la Facultad de Medicina.

Pero vivía un vacío interior que la llevó a incursionar en la meditación trascendental y en el yoga. Un día, de forma casual, leyó la oración del Padrenuestro, y ahí inició su conversión a Dios. Ella misma relata:

«De repente me sentí transformada. No fue mi razón idiota, sino todo mi ser el que comprendió que Él existía, Él, el Dios vivo, personal, que me ama y que ama a toda la creación».

Tras convertirse al cristianismo fue encarcelada y posteriormente expulsada de su país. Su libro autobiográfico, que escribió en 1969, se titula Hablar de Dios resulta peligroso.

La escritora Svetlana Stálina (1926-2011) fue nada menos que la hija del dictador y genocida comunista ateo y soviético Joseph Stalin.

Ella contó: «Los primeros 36 años que he vivido en el estado ateo de Rusia no han sido del todo una vida sin Dios. Sin embargo, habíamos sido educados por padres ateos, por una escuela secularizada, por toda nuestra sociedad profundamente materialista. De Dios no se hablaba…

«Cuando mi hermano murió, mi hijo de 18 años estaba muy enfermo. No quería ir al hospital, a pesar de la insistencia del doctor. Por primera vez en mi vida, a los 36 años, pedí a Dios que lo curara. No conocía ninguna oración, ni siquiera el Padrenuestro. Pero Dios, que es bueno, no podía dejar de escucharme.

«Me escuchó, lo sabía. Después de la curación, un sentimiento intenso de la presencia de Dios me invadió».

A raíz de su conversión inesperada se bautizó en secreto el 20 de mayo de 1962 en la Iglesia Ortodoxa Rusa, y años después, cuando salió de su país y conoció a católicos, finalmente ella también se hizo católica.

María Vallejo-Nágera, nacida en Madrid en 1964, tenía 35 años y consideraba la fe como una mera práctica social, cuando dos amigas anglicanas la invitaron a acompañarlas a Medjugorje y ella buscó excusas para oponerse. Pero en ese momento Dios irrumpió sorpresivamente en su alma diciéndole de forma tierna y clara: «Hija mía, ¿por qué Me temes? Ven: te espero aquí».

Así, el 9 de mayo del 1999, en aquel lugar de la entonces existente Yugoslavia tuvo su encuentro personal con Cristo: de pronto sintió que todo a su alrededor se paraba; no oía ni veía nada, únicamente percibió que caía sobre ella, como un rocío infinito, el amor de Dios. Durante sólo tres segundos tuvo su juicio particular: todos los pecados desde niña se le hicieron presentes. Y ese amor que sintió fue tan grande que cambió radicalmente su vida.

TEMA DE LA SEMANA: ¿SE PUEDE ENCONTRAR A DIOS SIN BUSCARLO?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 14 de julio de 2019 No.1253