Por Jaime Septién

Para todo el equipo de El Observador

Hace 24 años, el 16 de julio de 1995, para esta grande familia que compone El Observador, como a André Frossard a las 17:10 en la Iglesia del Barrio Latino de París, Dios movió primero su ficha… y nos encontró.

Frossard emergió a las 17:15 de una Iglesia a la que había ido «a esperar a un amigo» siendo diferente. Del comunismo y la rebeldía a ser uno de los grandes defensores (y amigo) del Papa san Juan Pablo II.

A Maité y a mí nos pasó algo similar, pero en otro plano. Comenzamos haciendo un periódico semanal católico y terminamos, nada más salir a la luz el primer número, participando en una misión: la de responderle a Dios con actos por las muchas bendiciones recibidas.

También, ejercer la vocación: ambos estudiamos Comunicación. Era devolverle al periodismo católico mexicano su lustre y su fuste, su capacidad de controversia y su aliento civilizador.

Era, sigue siendo, seguirá siendo, hasta que la muerte nos separe, el mandato sugerido por el próximo beato Fulton J. Sheen a los hijos de la Iglesia católica: pensar duro y pensar fuerte.

Difundir el pensamiento católico y crear cultura e interiorizarlo para crear espiritualidad. Quizá hayamos sembrado una semilla. Desde luego, nos falta mucho por andar. Pero la alegría de sentirnos «como un niño perdonado que se despierta para saber que todo es regalo» (de nuevo Frossard) es nuestra magnífica e inmejorable paga. ¡Gracias a todos!

TEMA DE LA SEMANA: ¿SE PUEDE ENCONTRAR A DIOS SIN BUSCARLO?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 14 de julio de 2019 No.1253