Por P. Fernando Pascual

Miles de personas y de ideas provocan polémicas. Es parte de la vida humana en sociedad, sobre todo cuando se proponen ideas que generan debates.

Ello explica la presencia frecuente del adjetivo “polémico”, sobre todo en medios periodísticos, aunque a veces se abusa de tal adjetivo.

¿Cuándo se incurre en el abuso? Cuando se califica continuamente a los que defienden ideas a favor de la familia, de la vida de los no nacidos, del sentido genuino del matrimonio, como “polémicos”.

Lo paradójico del caso es que la palabra “polémico” se usa de modo unidireccional. Se califica como “polémico” un documento de la Iglesia católica sobre el aborto o sobre las teorías del gender mientras que la palabra “polémico” brilla por su ausencia ante los que defienden el aborto o ciertas maneras de entender el gender.

Estamos así ante un típico uso de las palabras para orientar (en muchos casos, para manipular) a los lectores y oyentes. Porque usar el adjetivo “polémico” para los que defienden A y omitirlo para los que defiende lo contrario es un modo sutil de denigrar a los primeros y apoyar a los segundos.

Un periodista honesto no etiqueta las posiciones que detesta con adjetivos orientados a descalificarlas, ni exalta las posiciones propias con adjetivos o términos que buscan ensalzarlas.

Es cierto que el periodista, como cualquier ser humano, tiene sus preferencias. Resulta, en ese sentido, bella la honestidad de quien dice que está a favor de una idea y en contra de la idea opuesta.

Lo que no es honesto es buscar modos para aparecer como neutral cuando se va contra la neutralidad precisamente con un uso selectivo del adjetivo “polémico” para aplicarlo a unos mientras que no se usa con otros (que son igualmente polémicos…).

La transparencia y la honestidad siempre han sido ingredientes apreciados por los amantes de la verdad y la justicia. Por lo mismo, frente a debates (y polémicas) que surgen ante temas importantes, las personas íntegras evitan abusar de calificativos que buscan despreciar ciertas ideas y buscan, seriamente, afrontarlas en un diálogo sereno y equilibrado.