MITO 1. La muerte es una desgracia

Dios Hijo se encarnó para morir. La muerte en la Cruz era la meta, a fin de expiar por los pecados de la humanidad. Y el bautizado, siendo miembro del Cuerpo de Cristo, se ha de asemejar a la Cabeza, que es Jesucristo; por eso tiene que pasar por la muerte para alcanzar la vida eterna.

La muerte siempre es dolor: dolor por el sufrimiento físico, dolor por el sufrimiento moral y dolor por el sufrimiento espiritual. Debe ser dolor  si ha de ser el medio para la última expiación en el tiempo. Por tanto, no debe entenderse como desgracia, sino como Gracia si se sabe aprovechar.

MITO 2. Nadie ha vuelto del más allá para probarnos que hay vida después de esta vida

No es algo que ocurra todos los días, pero sí llega a suceder desde tiempos de Cristo que hay  muertos que son resucitados y que dan cuenta de lo que vieron y oyeron. También hay santos y  místicos que, sin haber muerto, les fue mostrado el más allá: Cielo, Purgatorio e Infierno.

Incluso hay gente común que hoy vive entre nosotros y que ha experimentado la otra vida, siendo regresada por Dios a la vida terrena para que den su testimonio; por ejemplo, la odontóloga Gloria Polo o el profesional de la industria del entretenimiento Marino Restrepo. Así que nadie debería dudar de que hay otra vida después de ésta, y de que el modo en que se viva la de aquí determinará cuál es la que se vivirá allá.

MITO 3. Dios nos ama tanto que nos llevará a todos al cielo

Dios nos ama hasta el extremo y quiere que todos los hombres se salven (cfr.  Jn 3, 16-17). La salvación ya está dada por Jesucristo, que la ofrece a todos; pero no salva a nadie a la fuerza. Es decir, el que desdeña la salvación y, por tanto, no se esfuerza por vivir de la manera que sabe que es la correcta, no puede entrar al Cielo (cfr. Jn 3, 18; I Cor 6, 9-10; Ef 5, 5; Ap 22,15; etc.). La misericordia de Dios se experimenta una y otra vez en esta vida; pero al morir es tiempo de experimentar la justicia divina.

Jesucristo reveló a santa Brígida: «Soy justo y misericordioso, y los pecadores sólo atienden a la misericordia».

San Basilio escribió: «Los pecadores no quieren ver más que la mitad… Bueno es el Señor, pero además es justo. No queramos considerar  únicamente la mitad de Dios».

MITO 4. Cuando alguien muere después de una larga enfermedad, por fin descansa

Una larga enfermedad suele ser un don que Dios permite que el enfermo experimente, a fin de que sea purificado de sus pecados de manera que su estancia en el Purgatorio sea más breve, o bien para que pueda entrar directo al Cielo. En este segundo caso sí se puede decir que ya está descansando (cfr. Ap 14, 13). Si aún tuvo que entrar al Purgatorio, entonces su descanso aún no ha llegado, pero tiene la garantía de que finalmente llegará.

Pero si el enfermo no reconoció sus pecados, no se arrepintió, no pidió perdón a Dios y, pudiendo hacerlo, no se confesó con un sacerdote a fin de recibir la absolución, es probable que la muerte sólo haya puesto fin a los sufrimientos de su transitoria enfermedad física, esperándole ahora los sufrimientos de la eternidad.

MITO 5. La muerte es asunto personal, por eso no hay que hablarles de ella a los enfermos, aunque estén graves

Siempre habrá quien diga que eso es meterse en religión, y que cada quien tiene el «derecho»  a morir como quiera. No es que sea un «derecho», pero Dios nos hizo libres. En cambio es una obligación de todo cristiano intentar salvar el alma del moribundo, porque tal vez el agonizante ha llevado una vida de pecado y vicios, y ésta sea su última oportunidad para arrepentirse, pedir perdón y alcanzar la salvación.

Otras veces es el enfermo el que intenta hablar de su partida y arreglar sus pendientes, pero son sus familiares los que entran en negación, diciéndole que no hable de morir, asegurándole que se va recuperar. En estas circunstancias el moribundo agrega a sus sufrimientos físicos el de la soledad, pues en los momentos más dramáticos de su vida encuentra que sus seres queridos están físicamente presentes pero lo han dejado totalmente solo en su preparación espiritual para la muerte.

MITO 6. No hay que llevarle un sacerdote al enfermo, porque se puede morir del susto

Cuenta el sacerdote español José Antonio Fortea que cuando él era capellán en un hospital de Alcalá de Henares vio que a los sacerdotes sólo se les llama cuando «al enfermo sólo le quedan un par de minutos de vida. Nunca nos llaman antes porque los parientes son de la opinión de que los moribundos se morirían del susto al vernos. Antes la gente se moría después de confesar, de arrepentirse de sus pecados y de prepararse para el juicio.

Ahora todos los enfermos mueren sorprendidos de que se hayan muerto». Así, «en el hospital nadie sabe que se muere. Todos viven sus postreros días sumidos en el aburrimiento, sin saber que es su último aburrimiento, sus últimas conversaciones, sus últimas siestas… Si supieran que son sus  últimos días, su enfermedad no sería tan aburrida. Indudablemente sería más triste, más abatida, pero vivirían los últimos momentos con la intensidad de saber que en este mundo ya no dispondrán de otros… Indudablemente los desahuciados cristianos, advertidos de su próximo final, se llenarían de oración, de arrepentimiento, de recuerdos, de últimas palabras, de últimos consejos».

MITO 7. Mi familiar ya murió, ya no necesita nada de mí porque está con Dios

Ya comienza a desaparecer la costumbre del novenario de Misas por el difunto o, en su defecto, el novenario de Rosarios. Incluso hasta la Misa de cuerpo presente llega a omitirse. Se cree que el difunto ya no necesita nada.

Pero considerando que, tal como Dios ha revelado a santos y místicos, la inmensa mayoría de los que se salvan pasan por la dolorosa y a veces muy prolongada purificación del Purgatorio, eso significa que las almas de los difuntos (Iglesia purgante) están grandemente necesitados de la intercesión de los vivos (Iglesia militante) mediante Misas, Rosarios, otras oraciones, ayunos, sacrificios, e indulgencias plenarias o parciales. Como sólo Dios  sabe cuáles son las circunstancias exactas de cada uno de los difuntos, hay que seguir pidiendo por ellos al menos por un tiempo, y mejor aún de por vida.

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: LOS ÚLTIMOS INSTANTES: GUÍA PARA EL BIEN MORIR
Publicado en la edición impresa de El Observador del 4 de agosto de 2019 No.1256