NO TE REBELES CONTRA DIOS

Si tú o un ser querido se encuentran cerca o a las puertas de la muerte, no actúes con rebeldía contra Dios por esa situación. Es el Adversario quien nos sugestiona a fin de oponernos a la voluntad divina.

Siempre hay que buscar el remedio médico necesario para combatir las enfermedades, pues el Señor nos dio un cuerpo que debemos cuidar.  También hay que orar insistente y santamente pidiéndole a Dios Padre a imitación de Cristo Jesús: «Padre, si es posible, que pase de mí (o de mi ser querido) este cáliz. Pero no se haga mi voluntad sino la Tuya». Mas si la salud no llega o la situación mortal no desaparece, hay que aceptar, pues, la voluntad del Creador.

En Cristo la muerte ha perdido su poder, ha sido derrotada; por ello los cristianos esperamos la Vida Eterna y, en el Juicio Final, la resurrección de los muertos.

SIEMPRE TEN PRESENTE QUE MORIRÁS

Como nadie sabe cuándo va a morir, debemos recordar constantemente nuestro fin terrenal, sin olvidar que seremos juzgados por Dios inmediatamente. Ese primer juicio o juicio particular consistirá en que se nos mostrarán todas las acciones que realizamos en la vida, así como las consecuencias que cada una de ellas produjo; veremos el estado de nuestra alma sin maquillaje, en la verdad absoluta.

Por tanto, hay que prepararnos, e igualmente ayudar a nuestros seres queridos a prepararse; y eso sin importar nuestra edad o si tenemos una estupenda salud. Por ejemplo, se puede hacer a diario esta oración dicha de todo corazón:

«Señor Jesús, ahora que tengo tiempo, ayúdame a convertir mi vida. Señor Jesús, no seas mi juez; más bien, sé mi Salvador y Redentor».

COMBATE LA MUERTE ESPIRITUAL

Evita a toda costa la muerte espiritual, que no es otra cosa que el pecado mortal. Si uno muere en pecado mortal experimentará lo que el Apocalipsis llama «la segunda muerte», que es la pérdida eterna del alma por toda la eternidad en el Infierno.

Ahora bien, si caes en pecado mortal, levántate inmediatamente haciendo una buena confesión. No dejes pasar las semanas, porque se volverán meses y luego años, y entre más tardes en acudir al sacramento de la Confesión, más trabajo te costará y más te hará creer el Tentador que no tienes ningún pecado grave.

Hoy puede ser muy difícil encontrar a un sacerdote que tenga tiempo para confesar; hay templos donde si acaso una vez al mes hay confesiones programadas; pero insiste aunque tengas que recorrer muchos templos. Será todavía más difícil conseguir un confesor para un ser querido que esté postrado en cama; pero no desistas.

ORA Y HAZ PENITENCIA

No descuides la oración diaria, y tampoco la penitencia frecuente, tanto por ti como por tus seres queridos, y especialmente cuando alguno está muy enfermo.

Si es posible, trata de que el enfermo ore un poco contigo, aunque ya sólo pueda hacerlo con muy pocas palabras.

ENFRENTA LA ÚLTIMA BATALLA

Ya sea que tú o tu ser querido estén por morir, debes saber que en ese momento el demonio puede desplegar toda su rabia. Dios permite esto para mérito de las almas. Las personas que en vida amaron a la Virgen reciben especiales ayudas de Ella en estas circunstancias últimas.

AYUDA A BIEN MORIR AL MORIBUNDO

Si te lo pide, hazlo; y si no te lo pide, ofréceselo. Para esto último, lo mejor sería estar a solas con el moribundo, y si no sabe rezar o no se acuerda, hay que enseñarle y ayudarle a orar. En el caso de que no puede hablar, o incluso si parece que no está despierto, puedes decir estas oraciones en su oído en voz alta, esperando que él las haga suyas:

  • Jesús, José y María, os doy el corazón y el Alma mía.
  • Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
  • Jesús, José y María, descanse en paz mi Alma, en vuestra compañía.
  • ¡Señor, pequé! ¡Perdón y misericordia para este pobre pecador!
  • Jesús, Redentor mío, me arrepiento de todos mis pecados, perdono a todos los que me han ofendido… pido perdón a todos los que yo he ofendido.
  • Sangre de Cristo, purifícame de todas mis culpas. Amén.

El padre Jorge Loring recomendaba este brevísmo acto de contrición, diciendo al oído del moribundo: «Dios mío, perdóname».  Se recomienda hacerlo tres veces.  En caso de un accidente u otra tragedia imprevista, puede que sea la más rápida y quizá la  única manera de ayudar a morir a un herido.  Y para la vida personal conviene hacer todas la noches este acto de contrición por si la muerte imprevista llegara mientras dormimos.

Redacción