Hay niños que, a pesar de que ya saben leer y escribir, no saben rezar ni el Padrenuestro ni el Avemaría; y cuando los llevan a Misa ni siquiera saben santiguarse. Esto sucede sencillamente porque sus familias no han tenido la atención de enseñarles; suponen que todo se resolverá algún día, cuando sean preparados para la Primera Comunión.

Pero si la oración es el oxígeno del alma, no es cristianamente coherente mantener a los niños alejados de esta práctica, como si fueran incapaces por su corta edad de relacionarse con Dios. Esta actitud más bien propicia un enfriamiento espiritual, que se hará más evidente cuando entren en la difícil edad de la adolescencia y ya no tengan voluntad alguna para participar en las cosas divinas.

La experiencia de los Talleres de Oración y Vida (TOV) para niños y adolescentes demuestra que todo ser humano, sin importar su edad, tiene sed de Dios, y que es verdaderamente feliz si se encuentra con Él.

«Con el Taller aprendo a ser una mejor persona con todo el mundo y otras cosas más. He aumentado mi fe y mi amor por Dios. Amo el Taller, lo amo», da su testimonio un infante que ha participado en un TOV.

Pensado para niños de 7 a 12 años de edad, en el Taller se les enseña a conversar con Dios, y se les muestra que Dios los ama de mil maneras. Una de las cosas que los infantes más disfrutan en un TOV es aprender a escribir cartas de amor y agradecimiento a Jesús. Y, por su parte, los padres de familia gratamente advierten cambios muy favorables en sus niños.

Imagínese entonces la sorpresa que papá y mamá experimentan cuando son sus hijos adolescentes de entre 13 y 19 años los que participan en un TOV, originando en ellos un gran cambio.

«Este Taller de Oración me ha servido muchísimo para comunicarme con Dios. Me ha enseñado a perdonar y a amar a las personas que están ahí alrededor y sobre todo a valorar a mi familia; no tenía buena comunicación con ellos, pero en cada sesión que viví en lo que más pensaba era en pedir perdón por mis pecados, en cómo hallar una buena comunicación con mis padres y en pedir bendiciones para mi familia, amigos y conocidos», comenta una adolescente.

Otra más, de 15 años de edad, dice: «Aprendí muchas formas de orar que en realidad no sabía que se podían hacer; la que más me gustó fue la carta al Padre, y también cantando con Jesús. Aprendí que no debo tener enemigos, que no debo ser malgeniada y que debo de imitar a Jesús como Él nos ordena».

Y reconoce: «El cambio en mí fue súper bueno, ahora tengo mejor comunicación con mis familiares y amigos (…). El estar a solas con Jesús me gustó mucho porque pude reflexionar, pensar y solucionar muchas cosas, problemas, dudas y sentí un gran alivio al poder comunicarme con Él. El silencio es la mejor forma de orar».

Un chico de 14 años comenta: «Mi experiencia de este Taller de Oración y Vida ‘Caminando con Jesús’ fue maravillosa: me hizo cambiar, ser más humilde y más generoso. En mi vida me hizo reconocer que estaba haciendo las cosas mal, y pude cambiar y estar en paz conmigo mismo. Aprendí a perdonar de corazón y no de palabra. En los momentos de estar a solas fue maravilloso porque pude hablar con Jesús, alejándome de los pensamientos y del mundo».

Niños y adolescentes participantes descubren a Cristo en la oración y sus vidas se transforman.

TEMA DE LA SEMANA: UN TALLER PARA APRENDER A ORAR

Publicado en la edición impresa de El Observador del 11 de agosto de 2019 No.1257