• «Yo, sacerdote, estoy consagrado y constituido mediador entre Dios y los hombres, con gracias y poderes inauditos para hacerme ministro y ejecutor de la voluntad de Dios».
  • «Llevo la bendición, la salvación y la presencia divina, aunque yo no lo sienta y sea para mí mismo un misterio tremendo que jamás podré comprender».
  • «Él me hizo sacerdote para que mejor le ame y le sirva como a mi bondadoso Padre, para que más fácilmente me santifique y sirva a mis hermanos más desamparados».
  • «El ministerio sacerdotal y las funciones que desempeño son santas; luego, para llenar mi deber, necesito ser santo».
  • «Elijo con toda voluntad, ahora y para siempre, lo que sea tu sapientísima voluntad. Arráncame de mí mismo y entrégame a Ti, Dios mío».
  • «Oración y más oración. Allí está mi fortaleza para alcanzar la gracia de no querer nunca cosa alguna que no sea la voluntad de Dios».
  • «Por experiencia sé que sólo una intensa oración logra equilibrar mi carácter vehemente, mis gustos, mis repugnancias, mis inclinaciones y todo yo. Es la oración la que me hace no tener otra brújula que la santísima y siempre adorable voluntad de mi único Dueño y Señor».
  1. José María de Yermo y Parres

TEMA DE LA SEMANA: LA IGLESIA DE LOS POBRES EN MÉXICO

Publicado en la edición impresa de El Observador del 15 de septiembre de 2019 No.1262