En todas las relaciones existen problemas, y la idea es que esos mismos conflictos sean áreas de oportunidad que les ayude a crecer, tanto de manera personal como en pareja. Cuanto más sana mantengas tu relación de noviazgo, más sano será tu matrimonio y con eso y la Gracia de Dios, evitarás que lo de ustedes sea una estadística más sumando a la plaga de divorcios que hay hoy en día. Las nuevas familias son la esperanza de este mundo.

Es importantísimo que antes de formalizar tu relación y de comprometer tu vida con alguien para siempre tengas bien claro quién es realmente esa persona con la que te vas a casar, y qué aporta de bueno a tu vida.

Aún más importante, que seas muy consciente de las causas reales por las que te quieres casar; es decir, si de verdad lo que hay entre ustedes es amor, o los unen otros factores como la codependencia emocional, misma que les hace vivir un noviazgo tóxico.

Noviazgo tóxico significa relación peligrosa y dañina donde las personas no se edifican, al contrario, se destruyen. Esto significa que por andar contigo no soy mejor persona, me deterioro y por ende estoy mal con todo, con todos y vivo sin paz.

Cuando no tenemos muy claro quiénes somos y cuánto valemos, elegimos por elegir, no ponemos límites en la relación y nos conformamos con «cualquiera» que nos hable y nos haga sentir bonito, pues creemos que «eso» es lo que merecemos. Incluso, llegamos a aceptar malos tratos y hasta abusos, tanto físicos como emocionales, porque llegamos a creer que cuando nos casemos «yo voy a hacer que cambie». Este concepto es falso, nadie puede cambiar a nadie: al contrario, en el matrimonio las cosas se tornan peor aún.

Tóxico viene de la palabra «toxon», que significa veneno, y este provoca la muerte. Entonces, al hablar de noviazgos tóxicos hablamos de una relación donde, a la corta o a la larga, terminarás muy mal en todos aspectos, emocional, espiritual y hasta con riesgo de perder la vida.

El noviazgo es un período de la vida que sirve para conocer al otro y decidir si es lo mejor para tu vida, si te suma, y si es lo que te conviene. Así es, conveniente… Es la pregunta que hay que hacerse: Tú, ¿Convienes a mi vida? Si la respuesta es no, es el momento de salir de esa relación aunque te duela el alma y decirle: «Te dejo, no porque no te ame, sino porque no convienes a mi vida».

Es muy importante que conozcas algunas de las características de un noviazgo tóxico y puedas poner remedio antes de que sea demasiado tarde.

Problemas con terceros. Tu relación con los demás (papás, jefe, amigos, etc.) se va desgastando y comienzas a tener conflictos porque tú no vives en paz, vives con miedo. Un noviazgo tóxico no solo afecta a los involucrados sino a todo su medio ambiente.

Pleitos constantes. Cualquier motivo es pretexto para discutir, levantar la voz y faltar el respeto. El mal genera más mal, intranquilidad y tristeza.

Como en una relación tóxica mucho de lo que predomina es la desconfianza y el sentido de posesión y pertenencia, se desarrolla una colopatía que los lleva a tener conflictos y reclamos constantes.

Por ejemplo, no le gusta tu manera de vestir, tu efusividad o que vas a la iglesia y siempre te está molestando con ese mismo tema. Nadie tiene derecho a cambiar tu personalidad, mucho menos tus valores. Lo que sí se vale es que como pareja te ayude a crecer en virtudes como la decencia, la modestia, la piedad, etc. Hay valores que son esenciales y que no son negociables. En lo opinable tiene que haber libertad, y aceptar lo que por derecho le corresponde al otro.

Si de antemano sabes que a tu pareja le gusta beber o tiene otro mal hábito que lo practica en exceso, sal de esa relación lo antes posible. También existe la adicción al sexo donde las parejas se ven y se deshacen en pasión. Tristemente es lo «único» que une a la pareja. No confundas deseo con amor.

Terminar y volver de manera habitual. Como dije anteriormente, toda relación tendrá diferencias, mas éstas debieran usarse para crecer y hacernos mejores personas. Si terminas y vuelves de manera constante, ten cuidado de no estar volviendo con esa persona por un apego afectivo o codependencia, más que por amor.

Relaciones íntimas. Las relaciones fuera del matrimonio traen más consecuencias negativas que beneficios. Al tener intimidad unimos no solo cuerpo, también alma, mente y espíritu. En esta unión integral se segrega lo que se llama «la hormona del enamoramiento» u oxitocina y ésta actúa como un pegamento moral que une a la pareja, lo que desarrolla un sentido como de «pertenencia» del uno por el otro. Lo triste es que ésta se segrega aunque no estés enamorado. Entonces ¿qué pasa? Que no puedes despegarte emocionalmente del otro aunque ya no lo quieras o te des cuenta que no te conviene porque te sientes adherida a él/ella.

Por esta adhesión que experimentas aceptas maltratos, faltas de respeto y te llega a cegar de tal manera que no logras ver defectos o debilidades en tu pareja que son importantísimos que veas antes de casarte. Cuando se tiene una relación sexual sin amor o sin compromiso el alma queda vacía y triste.

Pon límites claros que te definan como persona y te protejan. Sé heroico y no vivas un noviazgo de «Braille»… (Sólo de tacto y a ciegas). No recibas menos de lo que mereces, porque tú mereces todo lo mejor por ser hijo de Dios. Respétate y ámate lo suficiente para ser tratado con tal dignidad, y ten siempre presente esto: lo que no te da paz no es de Dios, por lo tanto, no es para ti.

Con información de Luz Ivonne Ream/Aleteia

Publicado en la edición impresa de El Observador del 1 de septiembre de 2019 No.1260