Que los dogmas no son cosas que se va inventando la Iglesia católica, sino verdades de la fe dadas por Dios desde tiempos apostólicos, es algo que se puede demostrar indagando qué se creía y se enseñaba en los primeros siglos del cristianismo. Por ejemplo, respecto de la Virgen:

  • En las actas del martirio de san Andrés Apóstol, se lee que el Santo le dice al Procónsul: «Fue necesario que, de una Virgen Inmaculada, naciera hombre perfecto el Hijo de Dios, para que restituyera la vida eterna que por Adán perdieron los hombres».
  • Orígenes aclamó a la madre de Dios llamándola «Inmaculada entre inmaculadas, nunca afectada por la ponzoña de la maldita serpiente».
  • San Hipólito, mártir, dice: «El Señor estaba exento de pecado y estaba, en cuanto hombre, revestido de maderas incorruptibles, es decir, de la Virgen y del Espíritu Santo, por dentro y por fuera, como de oro purísimo del Verbo de Dios». Y en otra parte llama a María, «toda santa, siempre Virgen, santa, Inmaculada Virgen».
  • San Efrén de Siria escribió: «Ciertamente Tú (Cristo) y tu Madre, sois los únicos que habéis sido completamente hermosos; pues en Ti, Señor, no hay defecto, ni en tu Madre mancha alguna». Y también: «La Santísima Señora, Madre de Dios, la única pura en alma y cuerpo, la única que excede toda perfección de pureza, única morada de todas las gracias del más Santo Espíritu [..], mi Señora Santísima, purísima, sin corrupción, la solamente Inmaculada».
  • San Ambrosio dice que María es «incorrupta, una virgen inmune por la Gracia de toda mancha de pecado».
  • San Agustín afirma, disputando con Pelagio, que «todos los justos conocieron el pecado, menos la Santa Virgen María».

TEMA DE LA SEMANA: EL DULCE MISTERIO DE LA INMACULADA

Publicado en la edición impresa de El Observador del 8 de diciembre de 2019 No.1274