Con el mundo moderno se hacen preparativos para recibir regalos, se gasta en la cena; no obstante, lo más significativo es prepararse para una Navidad con la familia. ¿Cómo podemos lograrlo? Pareciera que todo va contracorriente: algunos desean irse de viaje, otros celebrar con los amigos o compañeros de trabajo. Muchos no experimentan el espíritu de Navidad porque todo les parece cotidiano e incluso trillado. En El Observador de la Actualidad hemos preparado algunos consejos para vivir una Navidad sincera, especial, afectuosa y con calor familiar.

Por Mary Velázquez Dorantes

DESPIERTA EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD

No tiene nada de malo decorar nuestra casa, tampoco poner el árbol de Navidad, dado que es una época de color, luces, alegría. Qué tal si para comenzar muy bien el mes decoramos la casa alrededor del nacimiento, invitando a todos los miembros de la familia a cooperar con las tareas del mismo, y también con los adornos del árbol. Podemos ir comisionando actividades: los niños colocan las esferas, los adultos las figuras navideñas, los amigos las luces. Todo ello nos va a llevar a preparar el espíritu navideño.

Cuando se cultiva la Navidad como un preparativo logramos alejar la apatía, la melancolía e incluso la desolación. El Adviento es justamente el tiempo de espera para la llegada del Salvador. Aquí comienza un nuevo año litúrgico y es justamente el tiempo de preparación para la Natividad. El primer paso para celebrar la Navidad es la preparación espiritual, y ésta se puede conjugar con la preparación de los arreglos navideños, siempre y cuando todo gire en torno a la espera de Jesús, física y espiritualmente.

ORAR JUNTOS

La Nochebuena invita a las familias a permanecer unidas; el Nacimiento de Belén nos recuerda la importancia de la unión familiar, y una de las mejoras herramientas para tener el corazón lleno del nacimiento de Dios es la oración; puede ser todas la noches antes de cenar, o quizás en un momento del día donde la familia se encuentre unida. Las oraciones que nos ayudan a prepararnos para la Navidad van acompañadas de la reflexión y meditación del gran regalo: el Niño Jesús.

Además de orar para prepararse para el 25 de diciembre, también se ora por la unidad familiar, por la paz de las familias en todo el mundo; se ora por la felicidad y la alegría; se ora por los familiares que viajan; se ora por los familiares que están lejos. Es una fecha donde el corazón se prepara a través de la oración para valorar a nuestros padres, hermanos, hijos, abuelos, tíos. Es la mejor ocasión para colocar a la familia en manos de Dios. También es importante orar en familia por aquellos que no tienen un hogar o que se encuentran solos en estas fechas; buscar el momento idóneo para pedir en silencio y juntos la gracia de Dios para las familias.

LA ENSEÑANZA DE COMPARTIR

Una de las mejores estrategias para vivir una Navidad en familia es aprender a compartir tiempo, cariño, afecto, atención, tareas del hogar; compartir acciones que demuestren nuestro interés por los otros, no de manera obligada sino amorosa.

Enseñar a los más pequeños a compartir sonrisas o abrazos, enseñar a compartir valores de fraternidad, generosidad y misericordia, quizás con pequeñas acciones, como reciclar lo que no usamos y donarlo a quien sí lo requiere. Enseñar a compartir los momentos de paz y de agradecimiento, compartir los alimentos con quienes padecen hambre, compartir emociones positivas escribiendo cartas para nuestros miembros de la familia; compartir los buenos recuerdos y las ilusiones de este tiempo.

Lo más importante de una Navidad en familia no son los objetos sino el tiempo de unidad. Podemos escribir postales, leer juntos, visitar a un enfermo, ver una película temática, donar juguetes o cocinar todos juntos.

UNA NAVIDAD OPTIMISTA

¿Cómo podemos dejar de preocuparnos todo el tiempo, incluso en Navidad? Siendo optimistas, y ello se consigue entablando una relación sincera con Dios, no con los regalos, no con los festejos, sino una Navidad unida a la misericordia de Dios. El optimismo viene acompañado de la fe, la esperanza, la caridad, tres emociones lo suficientemente fuertes para evitar las frustraciones navideñas, la melancolía o la ansiedad por las fiestas.

La reunión familiar de Navidad no tiene nada que ver con las expectativas planteadas por los medios de comunicación. Tampoco tiene que ver con la noche llena de lujos o fiestas excéntricas. La Navidad no puede ni debe estar condicionada por ideas materiales, sino una Navidad de unión, perdón, reconciliación con la familia. A pesar de las dificultades entre la familia, la Navidad puede ser posible.

Para ello es importante no observar a la Navidad como obligación, ni tampoco como inercia, sino como un momento de gratitud por lo que tenemos en casa, por quienes nos rodean, y que esa alegría se comparta mutuamente con pequeños detalles optimistas.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 15 de diciembre de 2019 No.1276