En tiempos de redes sociales es importante cuidar nuestros pensamientos, nuestras conversaciones y nuestros contenidos, dado que las nuevas plataformas digitales parecen estar en el vertedero de todo aquello que nos sucede de forma constante

Por Mary Velázquez Dorantes

Las redes sociales se convirtieron en los «diarios íntimos» de los usuarios. Sin embargo, la intimidad se ha descuidado de tal forma que el rigor personal o la vida interna es un maratón que no busca una meta sino que sucede minuto a minuto a modo de competencia. Los apegos, la liberación de los sentimientos, la interacción constante y las relaciones de intercambio son algunos de los sucesos más comunes dentro de ellas.

Las emociones y los problemas personales son los componentes principales de las redes sociales. Los adolescentes y los universitarios son los usuarios más activos, y son también quienes revelan más información personal.

Términos como curiosidad, riesgos, rarezas, son utilizados frecuentemente para visualizar a las personas que cuentan con una red social; la intensidad emocional con la que los usuarios comparten información es ahora considerada como una cualidad tecnológica. Las nuevas generaciones requieren una enseñanza que les advierta que las redes sociales no son el espacio para narrar sus intimidades.

¡CUIDADO CON LO QUE CUENTAS!

Separaciones, rupturas, sentimientos de pena, mensajes de odio, historias de resentimiento, amenazas, celos, problemas personales, emocionales e incluso sexuales, son los contenidos de mayor impacto en las principales redes sociales, el nuevo espacio que habitamos y nos habita; el nuevo mundo donde la virtualidad no parece desafiante, ni amenazadora para nadie. Las redes sociales simplemente se volvieron el espacio donde se narra con detalle la dinámica personal de sus usuarios. La privacidad dejó de serlo y la frecuencia de los discursos va en aumento.

La prudencia salió un día de los navegadores y pocos la han vuelto a ver. Los usuarios que utilizan las redes sociales para expresar su situación emocional o afectiva se dejan llevar por el enojo, los celos y la ira; por lo tanto utilizan Facebook o Twitter para «enviar» mensajes a otras personas, sin darse cuenta de la viralidad.

La vida extrema de las emociones, que se vincula con la identidad de las personas, provoca una sensación de vacío interno por un momento, pero más adelante puede venir acompañada de caos, conflictos, reclamos y acosos. Cuidar lo que se publica en redes sociales es un desafío, donde la toma de conciencia se ha ido.

LA PELIGROSA SELFI

La cultura de la imagen ha provocado una adicción narradora de todo y por todo. Los usuarios eligen no solo lugares sino momentos inapropiados para tomarse una foto y subirla a redes. Un estudio sobre tópicos comunes de selfis reveló que son los funerales, los cementerios, las iglesias y otros lugares de culto los escenarios protagónicos para «impactar» dentro de las redes sociales, así como el reto por compartir acciones que violenten las leyes o normas sociales.

La selfi se ha vuelto la materia prima de los contenidos no aptos para las redes sociales, así como el personaje protagónico de las publicaciones negativas sobre otras personas.

LOS CONTRADICTORIOS EFECTOS

Nadie parece tener una queja hacia los contenidos publicados en redes sociales. No obstante, el panorama cambia cuando el afectado no es una tercera persona, sino tú mismo.

Aun cuando se habla de privacidad, integridad y dignidad en redes sociales, los usuarios omiten esa información hasta que se ven involucrados en un problema. La mayoría de los casos tiene que ver con acoso y victimización dentro de las redes sociales, seguidos de conflictos con los padres y profesores.

Ante este panorama, los contradictorios efectos no frenan el uso de las redes sociales como plataformas reveladoras, sino que, por el contrario, la mayoría de los jóvenes dicen necesitar las redes sociales como un canal para expresar lo que les sucede.

Mientras tanto, la protección de los datos es una característica ausente para ellos. Mentir, violentar e insultar es una de las formas más «comunes» para sentir que no hay límites en las redes sociales. El 80% de los contenidos de las redes sociales son sobre los mismos usuarios y la sensación que les produce al publicarlos es placentera.

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