En la audiencia con los miembros del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, denunció también los abusos cometidos por el clero contra jóvenes, niños y adolescentes y los consideró «crímenes que ofenden a Dios»

Por Ary Waldir Ramos Díaz / Aleteia en El Observador

El Papa Francisco denunció la violencia contra la mujer (9 de enero del 2020), la definió una profanación a Dios; además, denunció los abusos sexuales a menores, muchos cometidos por clérigos, en un discurso al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede.

«Toda violencia infligida a la mujer es una profanación a Dios. Ejercer violencia contra una mujer o explotarla no es un simple delito, es un crimen que destruye la armonía, la poesía y la belleza que Dios quiso dar al mundo».

Francisco recordó que la mujer inspira poetas y pintores como Rafael Sanzio, el gran artista de Urbino (Italia), que murió en Roma el 6 de abril de 1520 y del que se celebrará también este año el quinto centenario de la muerte.

«El sujeto preferido de la pintura de Rafael era María. A ella dedicó numerosos lienzos que pueden ser hoy admirados en diferentes museos del mundo», afirmó.

«La Iglesia católica celebra este año el 70 aniversario de la proclamación de la Asunción de la Virgen María al cielo. Con la mirada en María, deseo dirigir un recuerdo particular a todas las mujeres».

Francisco ha deseado «que en todo el mundo se reconozca siempre más el precioso papel de las mujeres en la sociedad y cese cualquier forma de injusticia, desigualdad y violencia contra ellas».

Lo hizo asimismo al recordar los 25 años pasados desde la inauguración de la IV Conferencia mundial de las Naciones Unidas sobre la mujer, que se celebró en Pekín en 1995.

El Obispo de Roma, reafirmó que «la Asunción de María nos invita también a mirar más allá, al cumplimiento de nuestro camino terreno, al día en el que la justicia y la paz serán plenamente restablecidas».

Igualmente dirigió su pensamiento sobre «el flagelo de la explotación y del tráfico de seres humanos, que es alimentado por personas carentes de escrúpulos, que explotan la pobreza y el sufrimiento de los que huyen de situaciones de conflicto o de la pobreza extrema», especialmente mujeres y niños.

«Entre éstos, muchos terminan presa de auténticas mafias que los retienen en condiciones deshumanas y degradantes, y los hacen objeto de torturas, violencias sexuales, extorsiones». Así como sucede en lugares de frontera o en las rutas migratorias.

Abusos del clero ofenden a Dios

El Papa criticó también los abusos cometidos por el clero como una ofensa que clama al Cielo. «Sin embargo, como es tristemente conocido, no pocos adultos, entre los que se cuentan varios miembros del clero, fueron responsables de delitos gravísimos contra la dignidad de los jóvenes, niños y adolescentes, violando su inocencia y su intimidad».

«Se trata de crímenes que ofenden a Dios, causan daños físicos, psicológicos y espirituales a las víctimas y lesionan la vida de comunidades enteras», señaló el Papa que en febrero de 2018 convocó a los episcopados de todo el mundo al Vaticano para luchar contra los abusos.

En el ámbito de la previsión, Francisco renovó el compromiso de la Santa Sede «para que se investiguen los abusos cometidos y se asegure la protección de los menores, a través de un amplio espectro de normas que consientan afrontar dichos casos en el ámbito del derecho canónico y a través de la colaboración con las autoridades civiles, a nivel local e internacional».

«Ante heridas tan graves, resulta todavía más urgente que los adultos no depongan la tarea educativa que les compete, más aún, que se hagan cargo de dicho compromiso con mayor dedicación, para conducir a los jóvenes a la madurez espiritual, humana y social».

Educación a la paz, el cuidado de la Casa Común y la convivencia

Por esta razón, anunció, su deseo de promover un evento mundial el próximo 14 de mayo, que tendrá como tema: «Reconstruir el pacto educativo global». Se trata de un encuentro dirigido a «reavivar el compromiso por y con las jóvenes generaciones, renovando la pasión por una educación más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión».

«Hoy más que nunca, es necesario unir los esfuerzos por una alianza educativa amplia para formar personas maduras, capaces de superar fragmentaciones y contraposiciones y reconstruir el tejido de las relaciones por una humanidad más fraterna», afirmó.

La educación, indicó, como camino para un nuevo pacto educativo en la protección de la casa común, mejorar las relaciones interpersonales y escuchar a los jóvenes que recuerdan constantemente a los adultos «que la esperanza no es una utopía y la paz es un bien siempre posible».

Publicado en la edición impresa de El Observador del 19 de enero de 2020 No.1280