Calma, quietud, paciencia, aguardar, creer, confiar, sostener, dar tiempo son las herramientas para aprender a cultivar el arte de saber esperar. El mundo va de prisa, se vive, se siente y se hace todo con rapidez; la tranquilidad, la paz, el sosiego parecieran acciones que no tienen eco en la vida del hombre moderno, algunas veces por el ritmo laboral, otras por el acelerado mundo del pensamiento, y en muchas ocasiones simplemente por «así es». Sin embargo, es importante aprender a descubrir que la espera es el tiempo que nos conecta con la serenidad y la paz que muchos buscan.

Por Mary Velázquez Dorantes

La espera es saber utilizar nuestras mejores armas contra la intolerancia, la ira, los prejuicios y las amenazas hacia nuestro ser; vamos de prisa porque pareciera que hemos abandonado de forma involuntaria el arte de vivir quietos, y depositamos la fe en los hombres y no en Dios.

Los problemas cotidianos nos abruman y quizás nos enfaden; por ello es urgente desarrollar el arte de la espera, con el corazón paciente y el alma puesta en los dones de Dios.

EL PELIGRO DE LOS IMPULSOS

No existe nada más peligroso para los hombres que los actos impulsivos, porque ellos desatan a los enemigos de la paz interior. Los actos impulsivos provocan el deseo del éxito, pero también crean caos emocionales, malas relaciones, acciones que a corto plazo producen inestabilidad.

Es por ello que la mejor herramienta para evitar ser víctima de los impulsos es el arte de la espera; así dejamos de huir rápidamente de la vida, evitamos aislarnos, y nos proponemos retos vitales que nos ayudan a conocernos, a establecer cuáles son nuestras fortalezas, a trabajar de una forma constante sobre aquello que nos produce frustración. Saber esperar puede ser la mejor estrategia para resolver situaciones que en un primer momento parecen incomprensibles. Esperar es la mejor técnica para evitar los impulsos y así frenar aquello que nos daña o produce tensión. Con la espera se toma conciencia y se vive la vida con ilusiones, se trata de dedicar un tiempo para cada cosa o situación, valorar ese tiempo y aprender del mismo.

ESPERAR, Y MULTIPLICAR LA FELICIDAD

Tocamos todas las puertas en busca de la felicidad y ese «tren» va de manera desbocada experimentando en diferentes lugares, haciendo paradas constantes, subiendo y bajando pasajeros; no obstante, el arte de la espera es lo que trae la multiplicación de la felicidad, dado que desde la ciencia se ha comprobado que el enojo y el estrés se superar con la paciencia y la prudencia, dos instrumentos aliados con la espera.

Si el hombre actual aprendiera a esperar tendría más capacidad de autocontrol, podría tomar decisiones con firmeza, aprendería del silencio y entendería que la felicidad es un proceso durante el curso de la vida. Cuando esperamos no aceleramos los procesos, porque si lo hacemos nos llenamos de angustia, de imprudencias, de costumbre, de desesperación, de experimentos riesgosos para nuestro ser. Si buscamos la felicidad entonces debemos aprender a esperar, para que cuando llegue la reconozcamos y no seamos víctimas de una luz engañosa.

CUIDADO CON LA ANSIEDAD

Las crisis de ansiedad o existenciales son producto de la desesperación. El ser humano pareciera haber borrado de su mente que la vida es de ciclos y esperar es la forma más prudente de tener esperanza para cada ciclo. La ansiedad destruye corazones, produce falta de equilibrio emocional, enferma la mente.

El mejor antídoto para evitarla es la espera, porque la plenitud de vida sucede dentro de la espera, trabajar con el presente y entregando el pasado y futuro a Dios porque ni uno de ellos depende de nosotros.

Si aprendemos a esperar podremos controlar nuestros pensamientos, tendremos mejor disposición para los retos y desafíos de la vida, y se evitarán los fantasmas del tormento por aquello que no ha pasado.

CONSEJOS ÚTILES PARA SABER ESPERAR

  • Acepta el tiempo que estás viviendo
  • Medita y guarda silencio.
  • Se pro activo.
  • Alimenta tu esperanza con oración.
  • Coloca tus metas desde la fe.
  • Reduce la incertidumbre cada vez que puedas.
  • Mantente ocupado en acciones que te ayuden.
  • Promueve la serenidad.
  • No discutas ni impongas verdades.
  • Escucha y dialoga.
  • Tómate un espacio para decir.
  • Dedica algunos minutos del día a la calma.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 19 de enero de 2020 No.1280