Desde el miércoles 29 de enero de 2020, Francisco viene dedicando las audiencias generales de los miércoles al tema de las bienaventuranzas.

«CARTA DE IDENTIDAD»

Declaró que «las bienaventuranzas contienen la ‘carta de identidad’ del cristiano es nuestro carnet de identidad, porque dibujan el rostro de Jesús, su forma de vida». Y dijo que cada bienaventuranza «está compuesta por tres partes :

«Primero está siempre la palabra ‘bienaventurados’; luego viene la situación en la que se encuentran los bienaventurados: la pobreza de espíritu, la aflicción, el hambre y la sed de justicia…; luego está el motivo de la bienaventuranza, introducido por la conjunción ‘porque’: ‘Bienaventurados sean estos porque, bienaventurados sean aquellos porque…’».

«Así son las ocho bienaventuranzas y estaría bien aprenderlas de memoria… para tener en la mente y en el corazón esta ley que Jesús nos dio».

Agregó: «Prestemos atención a este hecho: la razón de la dicha no es la situación actual, sino la nueva condición que los bienaventurados reciben como regalo de Dios: ‘porque de ellos es el reino de los cielos’, ‘porque serán consolados’, ‘porque heredarán la tierra’, y así sucesivamente».

¿QUÉ ES UN «BIENAVENTURADO»?

Pregunta Francisco: «¿Pero qué significa la palabra ‘bienaventurado’? ¿Por qué cada una de las ocho bienaventuranzas comienza con la palabra bienaventurado?».

Y responde: «La palabra original no indica a alguien que tiene el estómago lleno o que se divierte, sino una persona que está en una condición de Gracia, que progresa en la Gracia de Dios y que progresa por el camino de Dios: la paciencia, la pobreza, el servicio a los demás, el consuelo… Los que progresan en estas cosas son felices y serán bienaventurados.

«Dios, para entregarse a nosotros, elige a menudo caminos impensables, tal vez los de nuestros límites, los de nuestras lágrimas, los de nuestras derrotas». Sin embargo, «las bienaventuranzas te llevan a la alegría, siempre; son el camino para alcanzar la alegría».

POBRES DE ESPÍRITU

El 5 de febrero explicó «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos» (Mt 5, 3).

Dijo: «Tenemos que preguntarnos: ¿Qué se entiende por ‘pobres’? Si Mateo usara solo esta palabra, entonces el significado sería simplemente económico, es decir, indicaría a las personas que tienen pocos o ningún medio de sustento y necesitan ayuda de los demás. Pero el Evangelio de Mateo, a diferencia de Lucas, habla de ‘pobres de espíritu’. ¿Qué quiere decir?… Los ‘pobres de espíritu’ son aquellos que son o se sienten pobres, mendicantes, en lo profundo de su ser».

DOLOR INTERIOR

El 12 de febrero, hablando de «Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados», apuntó Francisco:

«En la lengua griega, en la que está escrito el Evangelio, esta bienaventuranza se expresa con un verbo que no está en pasivo —de hecho los bienaventurados no sufren este llanto— sino en el activo: ‘se afligen’; lloran, pero por dentro. Es una actitud que se ha convertido en central en la espiritualidad cristiana y que los padres del desierto, los primeros monjes de la historia, llamaron penthos, es decir, un dolor interior que abre una relación con el Señor y con el prójimo».

Agregó que este llanto «puede tener dos aspectos: el primero es por la muerte o el sufrimiento de alguien. El otro aspecto son las lágrimas por el pecado, por nuestro pecado».

SER MANSO

En la audiencia del 19 de febrero, referida a «Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la Tierra» (Mt 5,4), afirmó que «el término ‘manso’ usado aquí significa literalmente dulce, suave, gentil, no violento. La mansedumbre se manifiesta en los momentos de conflicto, se puede ver por la forma en que se reacciona a una situación hostil. Cualquiera puede parecer manso cuando todo está tranquilo, pero ¿cómo reacciona ‘bajo presión’ si es atacado, ofendido, agredido?».

Dijo que «en la Escritura la palabra ‘manso’ también indica el que no tiene propiedad de la Tierra; y por lo tanto nos llama la atención el hecho de que la tercera bienaventuranza diga precisamente que los mansos ‘heredarán la Tierra’», y que en la Biblia «el verbo ‘heredar’ tiene un significado aún más grande:

«El pueblo de Dios llama ‘herencia’ precisamente a la tierra de Israel, que es la tierra de la Promesa»; por tanto, «el manso es aquel que ‘hereda’ el más sublime de los territorios».

Finalmente, que «el manso no es una persona complaciente, sino el discípulo de Cristo que ha aprendido a defender otra tierra bien distinta. Defiende su paz, defiende su relación con Dios, defiende sus dones».

Redacción