Por Mónica Muñoz

Nadie duda de que la situación de nuestro país es terrible en muchos sentidos, y lo peor es que estamos polarizados por las ideas que tenemos, a favor o en contra, del tema que a ustedes se les ocurra, no importa si se trata de algo tan irrelevante como un partido de fútbol o de la violencia que impera en todo el territorio nacional.  Cada quien cree tener la razón y se olvida de que todos tenemos derecho a expresar nuestra forma de ver los problemas, sin que otros se sientan ofendidos.  Sin embargo, también es bueno recordar que las reglas sociales se hicieron para que la convivencia entre tanta gente tan distinta, fuera posible.  Por eso, el respeto, la civilidad, el orden, la libertad bien entendida, las relaciones cordiales, la amabilidad y tantas otras actitudes positivas que están cayendo en desuso, deben rescatarse para que podamos vivir en paz y armonía, dando a cada quien el trato que merece nuestra buena educación.

Y, entrando en materia de civilidad e igualdad, que tan de moda están en estos días, no está  de más recordar que el papel que desempeñan hombres y mujeres en su vida cotidiana, tiene mucho que ver con sus cualidades y aptitudes, las que los hacen distintos y, a la vez, complementarios.  Sin embargo, esas diferencias se notan más cuando se pelea porque se reconozca que, efectivamente, hombres y mujeres son iguales en materia de derechos, sin embargo, la realidad es muy distinta.  Aún en pleno siglo XXI, existe un acendrado machismo en nuestro país.

Por citar un ejemplo, para el último trimestre de 2019, en México la población económicamente activa de 15 años y más, fue de 55.7 millones de personas, según cifras arrojadas por la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, de los cuales 33.7 millones son hombres y 22 millones, mujeres. Y peor aún, existe una brecha salarial muy grande, siendo los hombres lo que perciben mayores sueldos.

Sin embargo, cuando se trata de trabajo no remunerado, son las mujeres las que lo realizan en mayor número y aportan mucho más, de acuerdo a la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México, el cual reportó que, en 2018, el valor económico del trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados registró un nivel equivalente a 5.5 billones de pesos, lo que representó el 23.5% del PIB del país.  Además, las mujeres invirtieron el 74.6% del tiempo que los hogares destinaron a las labores domésticas.  Es decir, que son ellas las que más trabajan en casa.

Ahora, si agregamos el trabajo de las mujeres que salen del hogar y regresan a cocinar, a hacer quehaceres, a atender niños y esposo, sin ayuda alguna, hay que reconocer que se convierte en el deber más sacrificado del mundo.  Por eso creo que no valoramos del todo lo que una mujer es capaz de entregar por su familia, hasta que nos toca enfrentar su labor.

Es este el punto en el que quiero hacer una reflexión: la desigualdad que percibimos en nuestra sociedad, es propiciada por nosotros mismos. Todavía en algunos ambientes se maneja la idea de que la mujer está para servir al hombre, sin importar lo que ella sienta o desee. Aún en sitios donde esa costumbre debería haberse desterrado, se cree que ella no es capaz de enfrentar cargos de alta responsabilidad sino que debe quedar detrás de un hombre, únicamente como apoyo, aunque en la realidad sea ella la que haga el trabajo.

Por eso, para desprogramarnos y enseñar a los niños y adolescentes donde está la verdadera igualdad, es importante sentarse a platicar como familia y repartirse los trabajos de casa, todos nos cansamos, es verdad, pero también, todos hacemos uso de los servicios del hogar.  Por eso, es justo que cada quien, en la medida de sus posibilidades, tiempo y edad, colabore con algo en casa.

Cada quien puede lavar sus trastes, hacerse cargo de su ropa, juguetes y útiles, para recogerlos y mantener ordenados sus cuartos, en labores un poco más pesadas, como barrer y trapear, se puede hacer un calendario y pegarlo en algún lugar visible para que sepan cuando le corresponde a cada miembro de la familia desempeñar esa labor, en fin, lo que cuenta es ponerse de acuerdo y trabajar en equipo, así, todos los quehaceres serán más llevaderos y se terminará más rápido, y, sobre todo, no se le cargará el trabajo a nadie.

De este modo, sembraremos el verdadero concepto de igualdad, demostrando en la casa lo que se debe aplicar en la vida diaria, siendo parejos al otorgar responsabilidades y oportunidades, sin hacer distingos entre niños y niñas y enseñando, sobre todo, respeto, consideración y amor.

Que tengan una excelente semana.