Por Jaime Septién

Para Maité, Luisa y Mayte, en el Día Internacional de la Mujer (y siempre)

Entrevisté a Jean Vanier. Fue en la casa de «El Arca». Tengo un recuerdo vivísimo de esa mañana. Hablamos de la herida en el tejido social que sana la misericordia. La herida de las mujeres y los hombres con alguna discapacidad. Al morir, el año pasado, dediqué un número de El Observador a su memoria. Era, para mí, un gigante.

A Plácido Domingo lo seguí de cerca en el temblor de 1985, cuando buscaba a sus parientes en Tlatelolco. Un ejemplo de bonhomía y arte. Compré muchas de sus grabaciones. No sabría decir qué personaje de los que interpreta me gusta más. A lo mejor el Rodolfo de «La Bohemia», aunque todo el mundo se inclina por su Otello.

Los dos han sido desnudados por investigaciones internas que explotaron casi el mismo día. Abusos sexuales usando su poder. Uno espiritual y el otro profesional. Ambos con mujeres adultas. Los miembros de «El Arca» y los seguidores de la ópera se sienten rotos, desilusionados. Peor se sintieron las mujeres que fueron violentadas por ellos en su dignidad.

Domingo acató los resultados de la investigación. Vanier ya no puede. Azuzados por los medios, los condenamos. Jesucristo nos dice que si estamos libres de pecado… Amar al pecador, aborrecer el pecado… Lección ineludible para pedir perdón con verdad (yo el primero) a las mujeres que hemos ofendido de pensamiento, palabra, obra y omisión. El machismo ni es un chiste ni es cristiano: es una estupidez.