• «Oímos decir que el Infierno tiene que ser mucho más divertido, pues allí estarán seguramente todas las personas interesantes; en cambio, en el Cielo, sólo la gente honrada, los chicos y chicas ejemplares nausabundamente aburridos… ¡Y sin embargo, Cristo ha dejado bien claro que ‘allá arriba’ suceden cosas bien distintas! El criado que ha administrado tan bien sus diez talentos, convirtiéndolos en veinte, no recibe ahora de su señor una cifra mayor para administrar, sino que ‘le da el poder sobre veinte ciudades’. Es decir, que obtiene una posición totalmente nueva, una posición de poder extraordinario… El tipo de premio promete una nueva actividad, incomparablemente más interesante y de mucha mayor responsabilidad que la anterior. Estará, pues, activo».

(Louis de Wohl)

  • «Pasaré mi Cielo haciendo el bien en la Tierra».

(Santa Teresita de LIsieux)

  • «Haré más desde el Cielo de lo que puedo hacer aquí en la Tierra».

(San Pío de Pietrelcina)

  • «Nadie tendrá ningún otro deseo en el Cielo que lo que Dios quiere; y el deseo de uno será el deseo de todos; y el deseo de cada uno de ellos será también el deseo de Dios».

(San Anselmo de Canterbury)

  • «La Tierra no tiene ninguna tristeza que el Cielo no
    pueda curar»

(Santo Tomás Moro)

  • «La hermosura de Dios bastará para dar a nuestras ánimas cumplido reposo».

(Fray Luis de Granada)

  • «No tendremos otro deseo que el de quedarnos allí eternamente».

(San Agustín)

  • «En el Cielo dicen ‘Aleluya’ porque en la Tierra dijeron ‘Amén’».

(San Agustín)

  • «¡El ascensor que ha de elevarme al Cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso no necesito crecer: al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más y más».

(Santa Teresita de Lisieux)

  • «En premio de la victoria sobre nosotros mismos y de toda acción buena, se nos da otro género de manjares».

(Beata Ana Catalina Emmerick)

  • «No basta declararse ‘amigos’ de Cristo… La verdadera amistad con Jesús se expresa en la forma de vivir. Éste, podríamos decir, es el ‘documento de identidad’ que nos cualifica como sus auténticos amigos; éste es el ‘pasaporte’ que nos permitirá entrar en la vida eterna».

(Benedicto XVI)