Por José Francisco González, obispo de Campeche

¡Cuánto más que nunca celebrar en estos tiempos el Domingo de la Misericordia! La angustia, el temor, la incertidumbre nos hacen clamar a Dios, para que sea compasivo y misericordioso para con nosotros.

Como alguna vez lo hemos oído o leído, esta fiesta la instauró en la Iglesia el papa San Juan Pablo II. Gran impulso para ello fueron las vivencias espirituales de la monja polaca santa Faustina Kowalska.

A Santa Faustina, en 1931, Jesús mismo le pidió que se pintara una imagen con ciertos elementos explícitos. Fueron varios intentos realizados por sendos artistas, hasta que, por fin, el tercero de ellos es el que se  popularizó.

 ORIGEN DE LA DEVOCIÓN 

Cuenta Santa Faustina en su diario: “Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido”.

“Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: ‘Jesús, en ti confío’. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y [luego] en el mundo entero”.

Jesús le señaló: “Prometo que el alma que venera esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte, Yo mismo la defenderé como mi gloria”.

Otro día, estando Santa Faustina en oración, Cristo le dijo: “Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas”.

“Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de mi misericordia cuando mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza. Estos rayos protegen a las almas de la indignación de mi Padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios”.

Como decíamos arriba, sor Faustina no quedaba tranquila porque ninguna pintora reflejaba la belleza de Jesús.  Ella, en su aflicción nos narra: “Fui a la capilla y lloré muchísimo. ¿Quién te pintará tan bello como Tú eres? Como respuesta oí estas palabras: ‘No en la belleza del color, ni en la del pincel, está la grandeza de esta imagen, sino en Mi gracia’”.

Este año no celebraremos la concurrida Misa en el atrio de catedral. No se rezará allí por los muchos fieles devotos la Coronilla. Además, tampoco estará la gran promotora de la devoción la maestra “Chonita”, pues Dios la llamó a contemplar su misericordia de manera ininterrumpida.

Confiando en Dios, digamos con más fuerzas: ¡Por tu dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero!