Por Modesto Lule MSP

Algunas personas establecen que la fe puede más que el virus y que Dios es capaz de vencer eso y otras cosas más. Otros más señalan que la fe se vendrá abajo si se tarda mucho tiempo con los templos cerrados o sin la participación de los sacramentos.

El despertar apostólico en la Iglesia católica se ha dado de manera sorpresiva y ahora el Internet muchas veces se siente mermado por las muchas transmisiones que se hacen en vivo de conciertos y celebraciones litúrgicas que de forma privada se hacen en diferentes partes del mundo.

Hace muchos siglos en Japón hubo un cierre a la jerarquía de la Iglesia católica por más de 200 años. En la cautividad y de manera muy oculta miles de cristianos católicos se mantuvieron con la fe encendida.

Acá en México, en el año 1990, un mexicano fue secuestrado. Lo metieron en un cuarto de 3 metros de largo por 1 metro de ancho. Antes de ser secuestrado acudía a Misa todos los días, y fue un miércoles 29 de agosto en la mañana cuando lo secuestraron. El señor Bosco Gutiérrez Cortina, prestigioso arquitecto, fue sometido para poder sacarle la mayor cantidad de dinero a cambio de su libertad. Él mismo señala que los primeros 16 días, enclaustrado en ese cuarto sin ventanas y con una taza de baño solamente, lo llevaron a una depresión. Pero un 15 de septiembre hizo un sacrificio y su vida espiritual se despertó. A partir de ese momento comenzó a organizar su vida con nueva energía. Hizo su plan de vida tanto de salud mental, física y de propósitos de hacer algo en aquel lugar que no sabía cuánto tiempo iba a pasar. Aceptó la situación, renovó su fe en Dios y comenzó a rezar, cosa que no había hecho desde el día en que lo habían secuestrado.

Pidió a sus secuestradores una Biblia, la leía, rezaba el rosario y todos los días en la mente iba a Misa. Hacía su comunión espiritual y buscaba siempre un propósito de crecimiento. Rezaba por sus captores y ellos mismos se quedaron sorprendidos por la madurez y el estado de paz que tenía muy a pesar de estar encerrado en ese lugar por casi 9 meses. Buscando su conexión con Dios todos los días y nutriendo su alma de forma constante, adquirió aquellos regalos de Dios que le sirvieron para poder escapar. No fue un ángel ni ningún hecho sobrenatural. Dios le dio las semillas y él las cultivó para hacer frente a la situación y al final salir de ese cuarto el 25 de abril de 1991. Por último, la oración del Santo Rosario hizo que una persona no le diera la espalda cuando ya había escapado de sus secuestradores.

La fe ilumina, pero si no la trabajamos obviamente no da fruto. Aprovecha los medios virtuales para llenar tu vida de Dios y no dejes que tu alma se ponga anémica por no participar de los sacramentos. Dios es grande y nosotros somos sus hijos. Él nunca nos abandona y espera que respondamos con esperanza ante las pruebas que la misma vida nos ha puesto en el camino.

Hasta la próxima.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 19 de abril de 2020 No.1293