Por P. Prisciliano Hernández Chávez, CORC.

Hay situaciones límite en las cuales experimentamos nuestra gran fragilidad y vulnerabilidad, como niños pequeños que necesitamos ayuda, socorro y protección.

Son momentos que desgarran el alma por la pérdida de seres queridos o por un peligro inminente que nos afecta inexorablemente.

Más allá de las razones prudenciales, que siempre deben observarse, es necesario la confianza y el abandono, traducidos en súplica humilde y clamorosa, que proceda directamente de nuestro corazón. En Santa María de Guadalupe hemos tenido nuestro auxilio, defensa y salud. Ella ha sido “Salud de los enfermos” desde ese eslabón que inicia la cadena de sanación, la curación del tío de san Juan Diego, Juan Bernardino.

Esto propició uno de los momentos más bellos e intensamente tiernos del encuentro entre la Madre y el hijito, san Juan Diego: “¿Qué pasa, el más pequeño de mis hijos? ¿A dónde vas, a dónde te diriges?”, inquiere la Virgen Santísima. Le responde san Juan Diego: “Mi jovencita, Hija mía, la más pequeña, Niña mía, ojalá que estés contenta. ¿Cómo amaneciste? ¿Acaso sientes bien tu amado cuerpecito, Señora mía, Niña mía? Con pena angustiaré tu rostro, tu corazón: te hago saber, Muchachita mía, que está muy grave un servidor tuyo, tío mío. Una gran enfermedad, ‘huey cocoliztli’, se le ha asentado, seguro que pronto va a morir de ella” ( 110-112, “El Nican Mopohua, Un Intento de Exégesis”, José Luis Guerrero). “En cuanto oyó las razones de Juan Diego, le respondió la Piadosa Perfecta Virgen: ‘Escucha, ponlo en tu corazón, hijo mío, el menor, que no es nada lo que te espantó, lo que te afligió; que no se perturbe tu rostro, tu corazón; no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad, ni cosa punzante, aflictiva. ¿No estoy aquí yo, que soy tu Madre? Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe; que no te apriete con pena la enfermedad de tu tío, porque de ella no morirá por ahora”. Ante esta pandemia, como muchas pestes y catástrofes que ha sufrido nuestra amada patria, hemos acudido a Ella. Ahora, ante esta pandemia del covid-19, coronavirus, le decimos de corazón esa oración salida de las entrañas de nuestro amado Papa Francisco:

ORACIÓN

Oh, María, tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. Nosotros nos confiamos a ti, Salud de los enfermos, que bajo la Cruz estuviste asociada al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe. Tú, Salvación de todos los pueblos, sabes de qué tenemos necesidad, y estamos seguros que proveerás para que, como en Caná de Galilea, pueda volver la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos y ha cargado nuestros dolores para conducirnos, a través de la cruz, a la alegría de la resurrección. Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas, que estamos en la prueba, y libéranos de todo pecado, oh Virgen gloriosa y bendita.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 29 de marzo de 2020 No.1290