“Se aprovecharon tanto los Apóstoles de la Ascensión del Señor, que todo lo que antes les causaba miedo, después se convirtió en gozo. Desde aquel momento elevaron toda la contemplación de su alma a la Divinidad sentada a la diestra del Padre, y ya no les era obstáculo la vista de su cuerpo para que la inteligencia, iluminada por la fe, creyera que Cristo, ni descendiendo se había apartado del Padre, ni con su Ascensión se había apartado de sus discípulos” . (San León Magno, Sermón 74).

“La Ascensión es el último acto de nuestra liberación del yugo del pecado, como escribe el apóstol Pablo: ‘Subiendo a la altura, llevó cautivos’ (Ef. 4,8)”. (Benedicto XVI, 20 de mayo de 2012).

“Con certeza seremos elevados en las nubes, si es que se nos encuentra dignos de salirle al encuentro en las nubes…Roguemos, pues, todos nosotros, carísimos, que seamos del número de aquellos que le saldrán al encuentro”.  (San Juan Cristóstomo, Homilía primera sobre la Ascensión del Señor).

“Jesús dice precisamente esto a sus discípulos: ‘Me voy y vuelvo a vuestro lado’… Su irse es precisamente así un venir, un nuevo modo de cercanía, de presencia permanente… Puesto que Jesús está junto al Padre, no está lejos, sino cerca de nosotros. Ahora ya no se encuentra en un solo lugar del mundo, como antes de la Ascensión; con su poder que supera todo espacio, Él no está ahora en un solo sitio, sino que está presente al lado de todos, y todos lo pueden invocar en todo lugar y a lo largo de la historia”. (Benedicto XVI, en su libro “Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección”).

 

¡Oh gracia contemplarte en tu Ascensión!

¡Oh gracia contemplarte en tu Ascensión,
subir Contigo al círculo divino,
y con los santos ángeles gozarte
en la beata paz de tu destino!

Tu mano izquierda tiene la Escritura,
cumplido entre nosotros tu designio,
y con la diestra imperas y bendices,
¡oh Luz de Luz que brillas por los siglos!

A tu fuerza se acoge en esa tierra
la Iglesia santa, en Ti los ojos fijos;
irradia tu hermosura y Te proclama
por las voces de apóstoles testigos.

Oh Madre del Señor, santa María,
imagen fiel del pueblo redimido,
reúnenos con mano intercesora
y muéstranos el rostro de tu Hijo.

Venga el oculto Espíritu a nosotros,
dador de fe y amor hasta el martirio,
y el que es la Caridad y unión perfecta
nos haga un corazón todos unidos.

Te alabamos, oh santa Trinidad,
misterio revelado en Jesucristo;
por Él, con Él y en Él, nuestro Señor,
por su excelsa Ascensión, Te bendecimos.

Fray Rufino Mª Grández

TEMA DE LA SEMANA: QUIÉN ES EL HOMBRE FRENTE A LA ASCENSIÓN

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 24 de mayo de 2020. No. 1298