De los cuatro evangelistas, ni san Mateo ni san Juan hablan de la Ascensión; san Marcos la menciona de forma muy breve, pero san Lucas la describió cuidadosamente.

Dice en una homilía uno de los Padres de la Iglesia, san Juan Crisóstomo, que Jesucristo «podía haber ascendido en secreto y no públicamente. Pero así como tuvo por testigos de su resurrección los ojos de sus discípulos, así también constituyó a estos mismos testigos oculares de su elevación”.

La importancia de este acontecimiento hizo que se convirtiera en causa de conmemoración en la Iglesia. ¿Desde cuando? San Agustín señala que desde tiempos de los Apóstoles. Dice san Lucas 24, 50 que la Ascensión de Cristo a los Cielos tuvo lugar “cerca de Betania”. Sin embargo, la capilla de la Ascensión fue edificada en la cima del Monte de los Olivos, en Jerusalén.

¿Pero qué tiene que ver con nosotros?

Explica san Juan Crisóstomo que con la Ascensión aconteció “una cosa admirable. El Salvador vino, y viniendo trajo al Espíritu Santo; y al regresar llevó consigo allá, a lo Alto, el cuerpo santo, con el objeto de dar al mundo una prenda de salvación que es la virtud del Espíritu Santo… Y cuando esto digo, me refiero a ti y a todo cristiano también… Recibí del Cielo el Espíritu Santo de Dios y de este modo poseo una prenda cierta. ¿Qué prenda? Que su Cuerpo está allá arriba, pero su Espíritu está acá abajo, con nosotros”.

Y continúa explicando el Padre de la Iglesia esta maravilla: “¡Se ha hecho uno solo el linaje de Dios y el de los hombres. Pues así como el parentesco une las partes que estaban separadas…, al tomar Cristo nuestra carne, por medio de su carne vino toda la Iglesia a estar emparentada con Él. Pablo era pariente de Cristo y Pedro también y todos los fieles y todos nosotros y todo hombre piadoso también. Así lo dice Pablo: ‘Siendo nosotros linaje de Dios…’.

“En conclusión, tenemos una prenda suya allá arriba, que es el cuerpo que por nosotros tomó; y acá en la Tierra también la tenemos, que es el Espíritu Santo que está con nosotros”…

“Ascendió Cristo y llevó consigo nuestro cuerpo. Y se pudo entonces ver a la imagen de Adán… no ya… entre los ángeles, sino por encima de los ángeles y sentada con Dios; para que también nosotros… allá estuviéramos sentados. ¡Oh disposición tremenda y admirable! ¡Oh Rey, en todo gran Rey; tan grande, digo, y tan admirable!”.

TEMA DE LA SEMANA: QUIÉN ES EL HOMBRE FRENTE A LA ASCENSIÓN

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 24 de mayo de 2020. No. 1298