¿Cuándo comenzó a existir la Iglesia? Unos dicen que en Pentecostés; otros, que el día de la Pasión del Señor

EN EL COSTADO DE CRISTO

San Juan Pablo II dijo el 2 de mayo de 1984 en su visita a Alaska: “El costado de Cristo en el que Tomás metió su mano es el mismo que había sido atravesado por la lanza del soldado y del cual salió sangre y agua. Y, al salir esta sangre y agua, la Iglesia nació del costado de Cristo. De este modo, por su pasión y muerte, Cristo forma la Iglesia de su propio costado”.

Y ya antes, en el Angelus del 30 de julio de 1989, el Papa polaco había explicado: “Como del costado de Adán que dormía fue extraída Eva, su esposa, así… del costado abierto del Salvador, que dormía sobre la cruz en el sueño de la muerte, fue extraída la Iglesia, su Esposa”.

Mas no se trata de una postura novedosa, sino del entendimiento que ha tenido la Iglesia de sí misma desde sus primeros siglos, y que ha quedado muy clara en la voz de los Padres de la Iglesia, como la de san Juan Crisóstomo, la de san Ambrosio o la de san Agustín.

Sin embargo, es muy común escuchar en predicaciones o leer en páginas de internet que la Iglesia nació en Pentecostés. ¿Cuál de las dos posturas es la correcta?

El Catecismo de la Iglesia Católica aclara que “la Iglesia nació del corazón traspasado de Cristo muerto en la cruz” (n. 766), y que fue enviado “el Espíritu Santo el día de Pentecostés para que santificara continuamente a la Iglesia”; es entonces cuando “la Iglesia se manifestó públicamente ante la multitud” (n. 767).

Entonces Pentecostés no marca el nacimiento de la Iglesia, pero sí el día en que ésta, enriquecida con el gran don de Jesús —que es el Espíritu Santo que había prometido enviar a sus discípulos— comienza a dar testimonio públicamente de Cristo resucitado, es decir, arranca su misión, que es la de evangelizar para hacer que todas las gentes se conviertan en discípulos de Jesús, el único Salvador.

UN DON PARA LA SALVACIÓN

En la homilía del 17 de mayo de 1964, festividad de Pentecostés, Pablo VI lamentaba: “La mayor parte de la humanidad todavía no ha recibido el mensaje de Pentecostés. El mundo todavía no es católico. ¡Cuántos de vosotros, por no decir todos, experimentáis el agudo dolor que esta condición de nuestro mundo inflige a un corazón verdaderamente católico!”.

Por ello es fundamental invocar al Divino Espíritu y no resistirse a sus mociones, pues, como enseña el Catecismo (n. 737), “el Espíritu Santo prepara a los hombres… para atraerlos hacia Cristo”, y es el que los conduce “a la comunión con Dios, para que den mucho fruto”.

En palabras de san Basilio Magno, “por el Espíritu Santo se nos concede de nuevo la entrada en el Paraíso, la posesión del Reino de los Cielos”.

TEMA DE LA SEMANA: EL ESPÍRITU SANTO Y LOS ORÍGENES DE LA MISIÓN

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 31 de mayo de 2020. No. 1299