Hoy parece que todo se confabula para alejar a los chicos y a las chicas de la decencia, de la responsabilidad, de la fe, de la oración; en una palabra, de la santidad.

Si uno mira la realidad de México y de otros países tradicionalmente católicos se topa con un panorama desalentador. Por ejemplo, los diversos estudios estadísticos arrojan que en la nación mexicana los adictos al tabaco comienzan su vicio a la edad promedio de 13 años; que en España uno de cada diez adolescentes consume alcohol al menos una vez por semana; que en Perú el 22% del total de los drogadictos es población adolescente; o que la media en que en Argentina se inician las relaciones sexuales es de 15 años de edad.

Adoctrinamiento

La globalización ha tenido un efecto moral devastador. Los medios de comunicación han logrado adoctrinar a la gente para que acabe viendo con buenos ojos —o al menos como algo “normal”— todo lo que esté disfrazado de libertad: relaciones sexuales prematrimoniales (“al cabo que todos lo hacen”), anticonceptivos, aborto, moda indecente, tatuajes y perforaciones, bullying (porque “hay que aprender a defenderse”, dicen), pornografía e ideología de género en internet (pretextando un supuesto “amplio criterio”) o salidas nocturnas al antro, donde los jóvenes, además de ser voluntariamente agredidos en sus cinco sentidos ante la indiferencia de los padres de familia que les permiten ir y les dan el dinero para pagar, pueden realizar sin restricción toda suerte de actividades inconvenientes.

Así era antes

Ahora bien, ser santo, más aún, niño, adolescente o joven santo, siempre ha sido difícil; el entorno social suele ser su principal enemigo.

Basta con pensar lo que ocurría en los primeros siglos del cristianismo, durante el dominio del Imperio Romano, en el que la sociedad enseñaba a la adolescencia y a la juventud a no negarse ningún placer erótico.

Aun así, en medio de tan asqueroso ambiente, el anuncio del Evangelio transformó a muchos, al grado de que el testimonio de pureza de los cristianos fue visto como peligroso para el estilo de vida inmoral del Imperio Romano. Y adolescentes como san Tarsicio, santa Inés, san Pancracio o santa Filomena prefirieron morir antes que pecar.

La buena noticia es que en el siglo XX y el XXI ha seguido habiendo chicos y chicas que lo dan todo por Jesucristo.

TEMA DE LA SEMANA: ¿HAY EDAD PARA SER SANTOS?

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 21 de junio de 2020. No. 1302