Por Mario De Gasperín Gasperín, obispo emérito de Querétaro

Cada época tiene sus enfermedades emblemáticas y a la nuestra le tocaron las pandemias, enfermedades de tipo viral y bacteriano. Con los antibióticos y técnicas inmunológicas pensábamos haberlas derrotado.

Ahora, dice Byung-Chul Han, las enfermedades son de tipo neuronal, como la depresión y los trastornos por causa de la hiperactividad y el desgaste ocupacional. “Exceso de positividad” les llama en su obra “La Sociedad del Cansancio”. Se adelantó demasiado este notable pensador, porque las enfermedades neuronales ya llegaron y las pandemias no se han ido. Nos toca lidiar con las dos, y ambas llegaron para quedarse. No parece factible que el hombre moderno cambie su estilo de vida, por lo menos a corto plazo.

Como Dios nunca envejece, siempre está haciendo algo nuevo; por eso el cristiano construye la historia auscultando el futuro. Recuerda el pasado para construir el futuro. Los profetas son los verdaderos creadores de la historia. Israel se pasó la vida –todavía– esperando al Mesías; y Jesús, realizada su obra en la “plenitud de los tiempos”, nos dejó su Espíritu para llevarla a término con su venida gloriosa en la “consumación de los tiempos”. Dios es futuro y nosotros lo somos en Él.

Para eso nos dejó su Promesa y con ella algunos signos de esperanza que ahora llamamos “signos de los tiempos”, como las nubes que presagian la lluvia, el cielo rojizo que anuncia el verano, las yemas de la higuera que promete los frutos y la flor del almendro que precede la llegada de la primavera, como adelantaba Jeremías. Jesús solía apelar al discernimiento personal y sapiencial, prolongando las advertencias de los profetas: El que tenga entendederas, que entienda.

¿Qué nos dice, pues, esta pandemia que nos golpea a todos sin piedad? Los presagios nos inquietan, pero lo conocido nos subyuga. Somos gatopardianos: cambiamos todo para que todo quede igual. Vamos a fabricar los mismos autos contaminantes, las mismas viviendas de interés social, donde el “quédate en casa” suena más a burla que a bienestar. Como ejemplo de sensatez, recordemos las propuestas del Papa Francisco sobre la Amazonía, válidas también para nosotros. Les llama, modestamente, “sueños”, no profecías; pero, si no los acatamos, se nos tornarán pesadillas. Son cuatro: 1°) Sueño social: Que la voz de los más pobres sea escuchada y sus derechos respetados. 2°) Sueño cultural: Que se preserve la riqueza cultural y la variedad de su belleza humana. 3°) Sueño ecológico: Que se custodie la abrumadora hermosura natural y la vida desbordante de sus ríos y sus selvas. 4°) Sueño eclesial: Que las comunidades cristianas den a la Iglesia un nuevo rostro amazónico. Cuatro sueños que son uno: la ecología integral. Porque ecología que no es integral, no es ecología.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 14 de junio de 2020. No. 1301