Aún recuerdo la primera vez que pude hojear un ejemplar de El Observador,  tenía 22 años y estaba a punto de salir a estudiar fuera del país. Tengo fijo en mi memoria aquel momento cuando llegué a mi parroquia, me hinqué y saludé a Nuestro Señor en la custodia, luego tomé en mis manos un ejemplar del periódico, recuerdo el regocijo de tener a mi alcance un medio de comunicación católico hecho por laicos en mi ciudad.

Mi papá, de feliz memoria, me siguió enviando algunos ejemplares durante los años que estuve fuera, y me alegraba tener noticias del periódico, además de la alegría de saber de mi familia. Nunca pensé que a mi vuelta a México empezaría a trabajar con Jaime Septién de nuevo, ahora en este proyecto de periodismo católico hecho por laicos. Su invitación no la pude rechazar, pero jamás pensé que me enamoraría del proyecto de tal forma de permanecer en la trinchera del periódico por 23 años.

En este cuarto de siglo han pasado cosas maravillosas en las oficinas de El Observador, que tan generosamente los obispos de Querétaro, Mons. Mario De Gasperín y Mons. Faustino Armendáriz nos han permitido usar en la Curia diocesana de Querétaro. Miles de personas entrevistadas, miles de reportajes, miles de fotos, cientos de videos, millones de palabras escritas, pero lo más importante son los corazones de personas de buena voluntad que hemos tocado, desde las cárceles hasta los conventos, desde las personas que distribuyen el periódico en la comunidad más humilde de la Sierra Gorda hasta la señora que ofrece el periódico afuera de la Catedral.

A todos los que han estado junto a los fundadores Maité Urquiza y Jaime Septién, y ahora Francisco Septién, muchas gracias. A todos los que hemos estado en el equipo de El Observador; a todos los que han colaborado con sus artículos y publicaciones; a todos los que nos han permitido entrevistarlos; a todos los sacerdotes y obispos que nos han dejado entrar a sus parroquias y diócesis; a todos los lectores que semana a semana nos siguen en el impreso, la versión digital, la página web, las redes sociales, el podcast… un millón de gracias.

Pero sobre todo a Dios, Nuestro Señor, y a Santa María, Nuestra Maternal Señora, que nos han permitido cumplir con compromiso y lealtad nuestra vocación de servicio a través del periodismo, así como nos han permitido ser fieles a la Iglesia, Madre y Maestra. Muchas gracias de corazón.

Rogelio Hernández Murillo

Las felicitaciones de los que trabajamos en El Observador:

Maité y Lic. Jaime, que este su proyecto de evangelización perdure por muchos años más. Muchas gracias por todo. Vero Landaverde

Muchas felicidades y también a todos los compañeros que iniciaron y que hasta ahora se mantienen. Que sean muchos más. Rubí Muñiz.

Cómo siempre se ha dicho (El Observador) es una empresa de Dios, deseo y estoy segura de que seguiremos adelante. A todos mil felicidades, a Maité y Jaime Septién mil bendiciones para que esté maravilloso trabajo siga. Alguien me dijo que las cosas (buenas) no son fáciles, pero llenan mucho el corazón y el alma. Mil felicidades a todos. Paty Flores

Un hermoso 25 aniversario para todos los que formamos la familia de El Observador. Dios derrame su gracia sobre todos nosotros. Diana García