Por Tomás de Híjar Ornelas

“Por expertos en pobreza no me refiero a los sociólogos, sino a los pobres” G. K. Chesterton

Los tres apartados finales de los seis que componen el Mensaje al Pueblo de México de los obispos del apenas pasado 29 de junio, que lleva el título que usa esa columna, son las jambas y el dintel de una puerta que al otro lado irradia un algo de luz a condición de que aquellas sean “una profunda cultura democrática y la auténtica promoción del bien común” y educación integral más allá de los sistemas escolarizados,

retos mayúsculos que reclaman la posesión del pensamiento crítico “orientado al bien común”, de modo que cada quien haga lo que le toca para garantizar que a nadie falte lo indispensable para subsistir con dignidad y decoro.

Las amenazas de la cultura democrática con, a juicio de nuestros obispos, la “falta de diálogo entre los actores políticos” y la “polarización ideológica”, no menos que la “insuficiente división de los poderes públicos”, herramientas para acabar con ellas el ejercicio maduro de “la libertad de expresión crítica”, para la cual son piezas clave los “comunicadores que valientemente expresen sus opiniones con verdad y agudeza”.

Complementan lo dicho sugiriendo el fortalecimiento de “las instituciones autónomas del Estado” (en especial el Instituto Nacional Electoral), la implementación del “diálogo como herramienta indispensable para promover el bien común” y el respeto a las instituciones democráticas y al Estado de Derecho, lo cual vulnera “el arribismo y el oportunismo populista en cualquier ámbito de la vida social” y “todo discurso que promueva el odio, la división, la exclusión y que ahonde en la separación, fragmentación y rencor social”. Junto con la unidad, la solidaridad, la comunión, la paz y el amor, proponen ellos “impulsar y motivar la participación ciudadana, informada y crítica a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia”.

En lo que toca a la comunidad educativa, más allá del ámbito de los sistemas escolarizados, los obispos proponen el “cuidado del entorno, del prójimo, el respeto, la templanza, el diálogo, la sana convivencia”.

Y como en materia “de inversión de recursos, talento y creatividad” el Sistema Educativo Nacional arrastra, a su juicio, “grandes carencias y desigualdades”, se impone llevar a cabo “un gran pacto educativo” en el que se incluyan, como elementos intrínsecos a él, espacios de cultura, arte, educación física y ciencia, cuyas metas sean la familia, la escuela y la sociedad.

Por otro lado, siendo la esperanza “nuestra certeza y nuestro camino”, nos invitan los obispos a “superar nuestras diferencias para caminar hacia el sueño de Jesús de ser uno, como Él y el Padre son uno”.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 19 de julio de 2020. No. 1306