Ante la misericordia de Dios no podemos rendirnos.

Por Mary Velázquez Dorantes

En esta pandemia, y después de ella, tendremos que aprender del fracaso y observar las circunstancias que nos rodean, mirar quietamente e identificar cómo poder salir adelante, ayudarnos entre todos y dejarnos ayudar con intuición, compresión e incluso consuelo para el más débil y vulnerable.

Muchos hemos dejado de confiar y resulta natural frente a una adversidad como la que nos ha sacudido; pero quedarnos justo en ese lugar no es la tarea del hombre: hoy más que nunca debemos reiniciarnos, reconfigurar toda nuestra realidad y salir hacia el frente.

CULTIVAR LA ESPERANZA

Se dice fácil pero no es una misión cualquiera. El miedo, el caos, el dolor, la incertidumbre son pasos de gigantes; no obstante, podemos ir de a poco buscando propósitos, tareas en las cuales fijemos nuestras metas y objetivos para ayudarnos a nosotros mismos y a los demás.

Encontrar causas que nos motiven y sirvan como impulsos determinantes; la esperanza es un plan seguro. Hoy tenemos que buscar todas las oportunidades que se nos presentan, evitar ser presas del pánico o la desolación. El futuro puede ser una nube gris con un sol radiante.

No podemos ceder al desánimo o a la tristeza; si lo hacemos, entonces preguntémonos dónde hemos dejado el consuelo de Dios. El cristiano camina frente a la tormenta y cree con la esperanza en un Dios compasivo y misericordioso; si no fuese así, la vida sería un torbellino constante. La esperanza está en las manos de un cristiano que asume que Dios le ayuda siempre y frente a todo.

UN PLAN NUEVO

Estamos quietos, quizás muy quietos, porque detrás de las crisis hay una parálisis tremenda; pero, ¿cómo podemos reponernos frente a la adversidad? Con pequeñas cosas diarias, una dosis de cambio lento, mejorando nuestro entorno, alejándonos del desánimo colectivo, reconociendo nuestras diferencias y asumiendo cada una de nuestras posibilidades.

Debemos armar un plan nuevo, que esté lleno de acción, para que al sumar retos éstos cobren sentido.

¿QUÉ PUEDE SUCEDER?

Mirar hacia al futuro con incertidumbre o creer que lo que viene son hechos negativos no es un buen consejo, porque entonces vamos a sufrir mucho, nos vamos a deteriorar física, mental y emocionalmente.

Rendirse no es la acción. Hoy tenemos que echar a andar una realidad donde el otro sea nuestro motor, observarnos como una familia en la que todos tenemos un rol determinante, ayudar adquiriendo lo que produce nuestro amigo o vecino, evitar las críticas, incorporar mecanismos de apoyo a nuestro alcance y recursos.

Todos estamos en la misma sintonía. Pero, sobre todo, dejar de preguntarnos qué puede suceder, porque si lo hacemos de manera agobiada podemos crear peores historias.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 19 de julio de 2020. No. 1306