Por Sergio Ibarra

Jaime Septién compañero de alma mater en la Universidad Iberoamericana, testigo del esfuerzo educativo centenario de la Orden Jesuita, con un café de por medio me compartió un proyecto en 1995, un sueño: hacer periodismo católico. Una idea, que provocara una reflexión contextualizada a los feligreses de la Iglesia Católica.

Múltiples cuestionamientos surgieron a la factibilidad de un proyecto que pretendía exponer a la religión más cuestionada hasta nuestros días. Se tenía que imprimir, tener una sede, personal para producirlo, conseguir patrocinadores, convencer a la Diócesis para participar en su distribución y convocar a un puñado de plumas para iniciar esta transmisión de conciencia y de interpretación de las realidades complejas, contradictorias y tramposas del siglo XXI. Muchos desafíos pudieron haber acabado con la idea.

Cumplimos 25 años. Las bodas de plata con nuestra Iglesia de este maravilloso medio de comunicación católico, innovador, único y pionero.

Enlistar la cantidad de personas que han colaborado de una forma o de otra sería casi imposible. Confirmó que la idea que parecía fuera de la realidad, hoy lo es. 

Gratitud es lo que debo de expresar a Jaime y a Maité por haberme dado la oportunidad de ser un colaborador en este tiempo, tomar decisiones críticas y compartir y sortear problemáticas de crecimiento y sobrevivencia. Mi gratitud por el aprendizaje de ser un portador de los valores católicos. ¿Cómo olvidar, entre muchas, la serie sobre los mandamientos y ponerlos en estas realidades en un lenguaje comprensible para quienes nos han acompañado con su tiempo y su lectura?

Ante la situación que hoy enfrenta nuestro Observador, es momento de fortalecer a la tropa que estamos cada semana poniendo un grano de arena, más también a los cientos y miles de lectoras y lectores que comparten la fe que nos une de promover la palabra inspirada en las tareas que nos dejó Jesús, El Cristo.

La mayor de las enseñanzas es haber hecho efectiva la máxima aprendida de los Jesuitas en nuestra alma mater: la mejor forma de servir a Dios, es hacer siempre las cosas lo mejor que puedas sirviendo al prójimo.

Gracias querido Observador por este viaje. Cinco años atrás celebramos en grande. Ya vendrá el momento de celebrar estas bodas de plata. Un abrazo fraternal a todo el equipo.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 9 de agosto de 2020. No. 1309