La Biblia no es un libro, sino un conjunto de 73 libros, escritos en épocas muy distintas y en estilos literarios muy variados. Por eso, si se empiezan a leer los 73 libros en el orden en que aparecen, con frecuencia los lectores no la entiendan, se fastidian y acaban por abandonarla.

Pero hay otras formas de abordar la Biblia, y cada una tiene su estrategia o razón de ser; no se puede decir que una sea mejor que la otra, sino que cada persona y cada familia ha de escoger la que parece acomodarle mejor, pero con la disponibilidad de cambiarla si se ve que no le está resultando. Aquí hay algunas maneras:

Guiarse por las lecturas de la Misa dominical. Es un sistema muy utilizado por los grupos bíblicos católicos. También se puede hacer con las lecturas de la Misa diaria. Si no se tiene el Misal mensual o anual, se puede consultar en internet en https://sanpablo.co/publicaciones-periodicas/pan-de-la-palabra/

Comenzar por los Salmos. San Jerónimo recomendaba lo siguiente: “Primero aprender el libro de los Salmos, que son fáciles para orar y reflexionar con Dios. Luego puede buscar una regla de vida en los Proverbios. El Eclesiastés le enseñará a despreciar los bienes de este mundo. Job le dará un modelo de fuerza y paciencia. Pasará enseguida a los Evangelios… Luego los Hechos de los Apóstoles y las Epístolas de Pablo y de los otros Apóstoles. Después aprenderá los Profetas, el Pentateuco, y los libros históricos, acabando con el Apocalipsis y el Cantar de los Cantares’.

Comenzar por el Evangelio. Es la Buena Nueva por excelencia, y aquella parte de la Biblia con la que más gente está algo familiarizada y, por tanto, le resulta menos complicado de entender. Se puede leer en orden: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Juan Pablo II en 1997 hizo repartir un millón de ejemplares del Evangelio según san Marcos a las familias de Roma; empezó por éste porque es el Evangelio más corto.

Después del Evangelio, diversos autores proponen Hechos de los Apóstoles, las cartas más cortas de san Pablo (en la Biblia están acomodadas desde la más larga hasta la más corta); luego los libros históricos del Antiguo Testamento, los libros poéticos, las cartas largas de san Pablo, la Carta a los Hebreos, los libros proféticos del Antiguo Testamento y, por último, el Apocalipsis.

Primero leer el Nuevo Testamento. El año pasado la arquidiócesis de México, a través de su semanario Desde la Fe, propuso iniciar con la Primera Carta de San Juan para que el lector se sepa amado por Dios y elegido por Él para ser salvado. Es decir, es una forma del anuncio del Kerigma, el cual siempre debe ser anterior al proceso de la catequesis. Aquí está el esquema del Nuevo Testamento:

  • Primera Carta de San Juan
  • Evangelio de San Juan
  • Evangelio de San Marcos
  • Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, Primera y Segunda Carta a los Tesalonicenses, Primera y Segunda Carta a Timoteo, Tito, Filemón
  • Evangelio de San Lucas
  • Hechos de los Apóstoles
  • Carta a los Romanos
  • Evangelio de San Mateo
  • Primera y Segunda Carta a los Corintios
  • Carta a los Hebreos
  • Carta de Santiago
  • Primera y Segunda Carta de San Pedro
  • Segunda y Tercera Carta de San Juan
  • Carta de San Judas
  • Apocalipsis

Sobre el Antiguo Testamento recomienda leer primero los Salmos y estos tres libros sapienciales: Sabiduría, Eclesiástico y Proverbios. Y el resto de los libros más o menos en orden cronológico:

  • Génesis, Éxodo y Números
  • Josué y Jueces
  • Primero y Segundo Libro de Samuel.
  • Primero y Segundo Libro de Reyes.
  • Amós y Oseas
  • Isaías (Capítulos 1-39)
  • Miqueas, Nahúm, Sofonías y Habacuc
  • Jeremías y Lamentaciones
  • Ezequiel
  • Abdías
  • Isaías (Capítulos 40-55)
  • Primero y Segundo Libro de Crónicas
  • Esdras y Nehemías
  • Ageo y Zacarías
  • Isaías (Capítulos 56-66)
  • Malaquías y Joel
  • Jonás
  • Rut
  • Tobías, Judit y Ester
  • Eclesiástico
  • Cantar de los Cantares
  • Job
  • Eclesiastés
  • Primero y Segundo Libro de los Macabeos
  • Baruc
  • Daniel
  • Levítico
  • Deuteronomio

TEMA DE LA SEMANA: La Biblia vuelve a casa (de donde nunca debió irse)

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 6 de septiembre de 2020. No. 1313