Misterios de la Biblia

Actualmente hay buen número de teólogos católicos que, en la línea de la “desmitologización” o “desmitificación” de las Sagradas Escrituras creada por el teólogo protestante Rudolf Bultmann, concluyen que Adán y Eva no fueron personajes históricos, sino que son sólo parte de un mito escrito con fines pedagógicos: “Adán y Eva son términos que quieren decir: la vida y la tierra. (…) Es una versión bella, sofisticada y mitológica” (Card. Pell); “Adán no es nombre propio, sino un nombre genérico (…). Eso de que todos provenimos de un solo hombre es algo que no se corresponde con la realidad, sino que es un mero artificio literario” (P. Epifanio Gallego, O.S.A.).

Sin embargo, Pío XII en 1950, a través de su encíclica Humani generis, señaló que los fieles cristianos no deben abrazar la creencia de “que Adán significa el conjunto de muchos primeros padres”, ya que esto es incompatible con la doctrina del “pecado original, que procede de un pecado en verdad cometido por un solo Adán individual”.

La Biblia no es un libro de ciencia, y utiliza muchos géneros literarios de tal manera que los símbolos son sumamente abundantes; pero eso no significa que los individuos que ahí aparecen sean personajes de fantasía.

El concilio de Trento ya declaró la historicidad de Adán, y el Catecismo de la Iglesia Católica la reafirma al señalar que “el relato de la caída (Génesis 3) utiliza un lenguaje hecho de imágenes, pero afirma un acontecimiento primordial, un hecho que tuvo lugar al comienzo de la historia del hombre. La Revelación nos da la certeza de fe de que toda la historia humana está marcada por el pecado original libremente cometido por nuestros primeros padres” (n. 390).

Entonces la respuesta es que Adán y Eva existieron realmente, a pesar de que el episodio esté descrito en un lenguaje simbólico.

Adán, como individuo histórico, es mencionado en la genealogía bíblica de I Crónicas 1 y Lucas 3, 23-38.

¿Qué tiene que ver esto con nosotros?

En Romanos 5, 12-21 se enseña cómo la desobediencia de “un solo hombre”, Adán, trajo la condenación para todos, y cómo la obediencia de Jesús al Padre trajo la justificación y la vida. Pero si afirmamos que Adán no existió, entonces tendríamos que negar también el pecado original y la consecuente necesidad de redención en Cristo Jesús.

En Mateo 19, 3-9, respondiendo sobre el divorcio a los fariseos, Jesús considera la historicidad de Adán y Eva haciendo alusión a Génesis 2. Pero si decimos que Adán y Eva no existieron, estaríamos considerando que Jesús está equivocado y que, por tanto, Jesús no es Dios.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 31 de julio de 2022 No. 1412

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