Es completamente falso que la fe sea contraria a la razón, aunque los ateos se esfuercen por presentar ambas cosas como incompatibles.

Por eso los creyentes no tienen miedo alguno de echar mano a la ciencia para investigar, en un plano natural, cómo fue que el cosmos apareció y cómo funcionan las maravillas del universo. Por eso ha habido tantos cristianos científicos, y, entre ellos, numerosos clérigos científicos.

Por eso no es de extrañar que la famosa teoría del Big Bang —en castellano «la Gran Explosión»—, que es ampliamente aceptada entre astrofísicos creyentes y no creyentes, fue formulada por un belga creyente: el sacerdote católico Georges Lemaître.

LOS ATEOS SON RUIDOSOS

Ciertamente también existen los científicos no creyentes, y éstos suelen ser bastante ruidosos. Por ejemplo, en enero de 2008, cuando Benedicto XVI iba a visitar la universidad «La Sapienza», de Roma, la cual fue fundada por un Papa hace 7 siglos, un grupúsculo de 67 profesores, de un total de 4 mil 500 docentes que tenía la institución, firmó “en nombre de la laicidad y la ciencia” un manifiesto para oponerse a las visita del Papa.

La cobertura que le dieron los medios suscitó un escándalo, y los ateos lograron que la visita fuera cancelada. Es decir, el 1.5% de los académicos logró imponer su voluntad sobre el restante 98.5%. ¿Cómo se explica esto? Desgraciadamente, muchos de los que incursionan en el mundo de la ciencia sienten vergüenza de manifestar su fe, temerosos de perder financiaciones para sus proyectos de investigación o, simplemente, de ser blanco de burlas.

Por el contrario, los científicos ateos suelen ser abiertos y contundentes en sus declaraciones contra Dios. Por ejemplo, el ya fallecido y famoso científico discapacitado Stephen Hawking afirmó: «Nuestro universo no necesitó ninguna ayuda divina para formarse», dijo.

El conflicto de los ateos es que su ciencia no es suficiente para explicar el universo; por eso tienen que llegar a afirmaciones ridículas.

Hawking decía que “no había nada antes del Big Bang”; es decir, ni materia, ni espacio, ni tiempo. Pero con esto estaba contradiciendo a la ciencia misma, según la cual la nada no puede ser origen de algo. En su afán de negar a Dios, propuso la hipótesis de que el universo se creó a sí mismo gracias a que en ese momento todas las leyes de la física no operaron.

MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA

Sólo el científico que no se cierra ante la evidencia es capaz de vislumbrar que hay algo por encima del universo material, y que sin ello no es posible explicar verdaderamente nada. Arno Penzias, Premio Nobel de física 1978 lo dijo así:

“Si no tuviera otros datos que los primeros capítulos del Génesis, algunos de los Salmos y otros pasajes de las Escrituras, habría llegado a la misma conclusión en cuanto al origen del universo que la que nos aportan los datos científicos”.

Otros Premios Nobel han hecho valientes profesiones de fe:

  • Max Planck, Premio Nobel de física 1918: “En todas partes, y por lejos que dirijamos nuestra mirada, no solamente no encontramos ninguna contradicción entre religión y ciencia, sino pleno acuerdo en los puntos decisivos”.
  • Arthur Compton, Premio Nobel de física 1927: “El orden de la inteligencia del cosmos da testimonio de la más sublime declaración jamás hecha: ‘En el principió creó Dios’”.
  • Werner Heisengerg, Premio Nobel de física 1931: “Creo que Dios existe y que de Él viene todo. El orden y la armonía de las partículas atómicas tienen que haber sido impuestos por Alguien”.
  • Max Born, Premio Nobel de física 1945: “Sólo la gente boba dice que el estudio de la ciencia lleva al ateísmo”.
  • Ernst Boris Chain, Premio Nobel de medicina 1945. “La probabilidad de que un acontecimiento como el origen de las moléculas de ADN haya tenido lugar por pura casualidad, es sencillamente demasiado minúscula como para considerarla con seriedad.
  • Sir Derek Barton, Premio Nobel de química 1969: “No hay incompatibilidad alguna entre la ciencia y la religión… La ciencia demuestra la existencia de Dios”.
  • Christian Anfinsen, Premio Nobel de química 1972: “Creo que sólo un idiota es capaz de ser ateo”.
  • Arthur L. Schawlow, Premio Nobel de física 1981: “Al encontrarse uno frente a frente con las maravillas de la vida y del universo, inevitablemente se pregunta por qué las únicas respuestas posibles son de orden religioso”.

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Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 15 de noviembre de 2020. No. 1323