Los siete sacramentos fueron instituidos por Jesucristo para conferir la Gracia, es decir, la vida de Dios en el alma.

La Iglesia enseña que los sacramentos confieren la Gracia de forma ex opere operato, o sea que son siempre eficaces por el hecho de ser actos del mismo Jesucristo. Además el efecto del sacramento es inmediato y directo.

Ahora bien, si los sacramentos son eficaces porque es Dios mismo el que opera, ¿cómo es que se ve a bautizados que se comportan como si no fueran hijos de Dios, o matrimonios fracasados, o personas que han recibido la Confirmación y no dan testimonio de su fe?

Siguiendo la doctrina bimilenaria de la Iglesia, hay varios factores por los cuales la administración de los sacramentos no es válida; uno de ellos es que el sujeto no tenga la capacidad de recibirlos —un bebé no puede recibir el sacramento del Orden; una persona sana no puede recibir la Unción de los Enfermos, etc.—. Igualmente, si el sujeto tiene uso de razón, ningún sacramento que se le administre será válido si es obligado a tomarlo.

Si una persona no tiene la fe católica —o no la tienen sus padres y padrinos en el caso del Bautismo y la Confirmación de un menor que no ha alcanzado el uso de razón— , no debe recibir los sacramentos porque no serían válidos o no le conferirían la Gracia. Por ejemplo, si no cree que en la Eucaristía pan y vino se convierten verdaderamente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, sería gravísimo que comulgara porque cometería un sacrilegio.

Igualmente pertenece a la doctrina la convicción de que, para que se dé el sacramento, se deben respetar la materia, las palabras, la forma y la persona del ministro que confiere el sacramento con intención de hacer lo que hace la Iglesia.

Y, finalmente, un sujeto que recibe un sacramento válido puede no dar fruto si obstaculiza los efectos de la Gracia en el alma, ya que es libre de oponerse a la voluntad divina.

Desgraciadamente la transmisión de la fe ya no es automática. Miles o hasta millones de personas reciben los sacramentos por mera costumbre o como si se trataran de un simple acto social, sin saber o sin importarles realmente la dimensión espiritual de lo que están recibiendo. Y en semejantes condiciones es muy difícil, casi imposible, que la Gracia que Jesús les ofrecía a través de la vida sacramental pueda servirles de algo.

TEMA DE LA SEMANA: LOS SACRAMENTOS: SIETE RUTAS PARA LLEGAR A BUEN PUERTO

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 8 de noviembre de 2020. No. 1322