Los efectos del Bautismo

En muchas sectas protestantes se afirma que el Bautismo sólo es un testimonio externo o manifestación pública de lo que ya pasó internamente en la vida de un creyente; o sea que el Bautismo no tendría nada que ver con la salvación, sino que el que se bautiza ya antes fue “salvo” mediante la fe en Jesús, a quien aceptó como su Salvador, y que el acto de bautizarse es sólo una “representación” de que fue sepultado y resucitado con Cristo.

Pero eso no es lo que enseña la Palabra de Dios. De ella más bien se desprende que el Bautismo tiene diferentes efectos:

  • Purificación de los pecados (cfr. Hch 2, 38; 22, 16). Se perdonan todos los pecados personales, y también el Pecado Original, con el cual nacen todos los bebés, por eso dice el salmo: “Yo soy culpable desde que nací; pecador me concibió mi madre” (Sal 51, 7). De ahí que los niños también tienen necesidad del Bautismo.
  • Nuevo nacimiento, en el Espíritu Santo (cfr. Jn 3, 5).
  • Santificación y justificación (cfr. I Co 6, 11).
  • Incorporación al Cuerpo Místico de Cristo, es decir, a la Iglesia (cfr. I Co 12, 13).
  • Participación en el sacerdocio de Cristo y en su misión profética y real (cfr. I Pe 2, 5. 9)
  • El bautizado se convierte en hijo de Dios (cfr. Rm 8, 16; I Jn 3, 1; Catecismo de la Iglesia Católica n. 1270). Los hijos de Dios son tales no por naturaleza sino por adopción (cfr. Gal 4, 4-5). La filiación divina está garantizada por la aceptación de Cristo y su doctrina (cfr. Jn 1, 11-12), la cual incluye el Bautismo como puerta de entrada en la vida cristiana.

Los efectos de la Confirmación

La palabra «confirmación» está vinculada al verbo confirmar, que significa corroborar, ratificar, autentificar o validar algo. Pero en el caso del sacramento de la Confirmación es un error creer que es una especie de ratificación del Bautismo; pero, desgraciadamente, en algunas catequesis pre-sacramentales se enseña de esta manera equivocada: “Cuando un niño pequeño recibe el Bautismo no sabe lo que está pasando; por eso en el sacramento de la Confirmación, que se administra cuando uno ya tiene uso de razón, la persona acepta voluntariamente a Cristo, es decir, acepta ser católico. Además recibe al Espíritu Santo”.

En la Biblia no aparece el sacramento con el nombre de “Confirmación”, porque aún no se escogía un término oficial; pero se hablaba de él como de “Imposición de manos” (cfr. Hch 8, 17; 19, 2-6); “Unción” (cfr. Hech 10, 38; II Co 1, 21-22) o “Sello del Espíritu Santo” (cfr. Ef 1, 13; 4, 30); pero, para no confundirlo con la imposición de manos en el sacramento del Orden (cfr. I Tim 4, 14), o con la unción en el sacramento de la Unción de Enfermos (cfr. Stgo 5, 14), la Iglesia hacia el siglo V le dio el nombre de “Confirmación”,

En el Bautismo, el Espíritu Santo desciende sobre el bautizado (cfr. I Co 12, 13) y mora en él; en cambio, cuando alguien es confirmado, recibe una “efusión especial del Espíritu Santo” (Catecismo, n. 1302) le confiere una fuerza especial que lo capacita para “difundir y defender la fe mediante la palabra y las obras como verdaderos testigos de Cristo” (Catecismo, n. 1033).

Así, no es que la Confirmación deje a alguien “más lleno del Espíritu Santo”, sino que con este sacramento recibe otra dimensión de su vida cristiana: su misión.

Los efectos de la Confesión

Este sacramento sana las almas, ¡y también las resucita!, porque hay pecados que sólo hieren las almas (pecados veniales), pero hay otros que las matan (pecados mortales).

Para que Dios perdone en la Confesión, es necesario arrepentirse de los pecados, así como tener firme propósito de enmienda, o sea de corregirse y reparar el daño causado. El sacramento de la Confesión es más poderoso que un exorcismo porque le arrebatan almas al Infierno.

La Unción de los Enfermos

Dios regaló este sacramento a su Iglesia para sanar los cuerpos. Por ser sacramento confiere la Gracia divina o Gracia santificante, de manera que su efecto no se detiene en lo físico sino que va más allá, en el orden de la salvación; es decir, confiere el perdón de los pecados.

El sacramento dela Unción de los Enfermos está en la Biblia en Santiago 5, 14-15; y ya se aplicaba cuando Jesús «llamó a los Doce y los envió de dos en dos…: curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo» (Mc 6, 7- 13).

Los efectos de la Comunión eucarística

La Eucaristía tiene un valor incalculable y es el centro de la vida de la Iglesia, ya que en el sacramento del altar está realmente Jesucristo, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad.

Él se quedó en el Santísimo Sacramento del Altar no sólo para ser adorado sino para ser comido: “El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna, y Yo le resucitaré en el último día. Porque mi Carne es verdadera comida y mi Sangre verdadera bebida. El que come mi Carne y bebe mi Sangre, permanece en Mí, y Yo en él” (Jn 6, 54-56).

Como los alimentos terrenales producen efectos en el cuerpo, así el alimento eucarístico produce efectos a nivel espiritual:

  • Da fortaleza para repeler el pecado y amortigua las pasiones.
  • Aumenta la Gracia santificante, haciendo más bella el alma y más grata a los ojos de Dios.
  • Perdona los pecados veniales.
  • Concede la remisión parcial de las penas merecidas por causa del pecado.
  • Produce un aumento de gloria en la eternidad.
  • Con la Comunión también se puede conseguir alguna Gracia especial que se haya pedido, como es la conversión o la salvación del alma de otra persona, o la liberación de algún alma del Purgatorio.

TEMA DE LA SEMANA: LOS SACRAMENTOS: SIETE RUTAS PARA LLEGAR A BUEN PUERTO

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 8 de noviembre de 2020. No. 1322